El
ambiente de Durango
Traducción al
español del original en euskera |
Tarde del sábado del primer
fin de semana de diciembre, en Durango.
Un grupo de amigos de un pueblo cercano aparca el
coche en una calle de las afueras, tras haber
dado un montón de vueltas, y se dirige hacia el
pueblo. En el camino se encuentran cada vez más
gente, y al llegar a la entrada del local
habitual casi no pueden ni moverse por no pisar a
nadie.
- Cuánta gente, ¿no?
- Y que lo digas. Casi no se puede andar.
Casi no se puede ni andar, pero de algún modo u
otro los jóvenes han conseguido entrar y,
semiatrapados en la inundación humana, intentan
dirigirse al mostrador.
- Empujad, empujad sin miedo.
Por fin, un miembro del grupo ha llegado a la
meta, y tras ocupar su lugar a codazos, ha
empezado a gritar a los que están al otro lado
de la mesa:
-¡Oiga!
En vano, porque el barbudo que tiene enfrente no
le ha hecho ni caso, de tanto trabajo que tiene.
Entonces lo intenta con la chica que pasa por
delante.
-¡Oiga, por favor!
La chica ha dirigido una transitoria mirada a su
impaciente cliente, pero ha seguido hacia la otra
punta de la mesa, sin detenerse.
Sin embargo, lo intenta una vez más, y
finalmente ha conseguido atraer la atención de
un trabajador.
- ¡Oiga, un poco de caso, por favor!
-¿Qué quiere?
- Tres tintos y dos blancos.
- ¡Qué difícil!- dice el cliente un poco más
tranquilo, dirigiéndose a sus amigos, que
esperan para dar un trago-. No sé lo que pasa
hoy en Durango; ni siquiera en fiestas suelen
estar así los bares de Goenkale.
-Además, esta gente es un poco rara ¿no? Mirad
qué aspecto tiene la mayoria: mayorcitos, bien
vestidos, la misma bolsa llena de cosas en la
mano
Jon Arretxe.
Fotografía: Aitor Bayo/Euskal Kultura Gaur. Liburuaren mundua (Joan Mari Torrealdai) |
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