Los días
14 y 15 de diciembre, el donostiarra Palacio de Miramar acogió la
celebración de las "Jornadas sobre el Regionalismo e Integración
Europea", cuya coordinación corrió a cargo de Joxerramon
Bengoetxea, máximo impulsor del grupo Europa- Euskal Herria,
desarrollado en la Sección de Derecho de Eusko Ikaskuntza - Sociedad
de Estudios Vascos, jornadas que contaron con la ayuda de la Secretaría
de Acción Exterior del Gobierno Vasco.
Dado que el reto europeo es un tema que afecta al conjunto de la sociedad,
estas Jornadas se centraron en el papel que las regiones en general y la
Comunidad Autónoma Vasca en especial van a jugar en un futuro, siendo
precisamente éste el motivo que ha provocado la creación del
grupo citado en el seno de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos,
con la intención de constituir un foro de debate. Todo interesado
está invitado a participar en él.
Los ponentes invitados explicaron desde diversos puntos de vista los
aspectos sobre el regionalismo y la integración demostrando su valía
y suscitando interés en los presentes. Todos ellos merecen ser nombrados
(según orden de intervención): Juan Cruz Alli, Pablo Pérez
Tremps, Jaume Renyer, Maite Zelaia, José Luis de Castro, Jasone Astola,
José María Muñoa, José Antonio Corriente, Iñigo
Bullain, José Martín y Pérez de Nanclares, Xabier Arzoz,
Henri Labayle, Juan Luis Diego, Carlos Fdez. de Casadevante, Francisco Rodríguez
y Xabier Iriondo, con las palabras de clausura del presidente de Eusko Ikaskuntza
Juan José Goiriena de Gandarias y de Andoni Ortuzar.
De entre los múltiples aspectos que el tema comunitario ofrece,
las Jornadas se centraron en la realidad de las regiones para examinar cuál
es el lugar que actualmente ocupan dentro de Europa, así como tratar
de determinar cómo debería ser en un futuro. Las dificultades
afloran incluso a la hora de definir el concepto "región",
ya que la pluralidad de éstas no facilita la labor conceptualizadora.
Ha de tenerse en cuenta que corresponde a cada Estado determinar su estructura
interna. No obstante, todos estos entes subestatales reúnen ciertas
características en común que permiten ser incluídas
dentro de la denominación de "región".
Una de las ideas que más destacó fue el hecho de que la
participación actual de las regiones dentro de la Unión Europea
es escasa; apenas tienen voz para exponer y defender sus propios intereses.
De todos modos, hay que manifestar que sí que ha habido avances en
este sentido, y que a buen seguro van a tener lugar otros posteriores. Los
auténticos protagonistas de Europa han sido, desde un principio,
los Estados miembros; las regiones (ni qué decir los entes locales)
han quedado relegadas a un segundo plano. Sirviéndome una metáfora
que se pudo escuchar en las Jornadas, la "ceguera regional" inicial
va poco a poco pasando a ser "miopía".
El órgano europeo más relacionado a estos entes es seguramente
el "Comité de las Regiones", mas se constató una
y otra vez que su función es meramente consultiva, con lo cual sus
decisiones carecen de fuerza vinculante, ante lo cual se lamentan las regiones.
A medida que incrementan las competencias de la Unión Europea,
disminuyen las de sus Estados miembros, dado que la titularidad de las mismas
pasa a manos de los órganos supraestatales. Pero, ¿qué
sucede con las funciones que las leyes internas de dichos Estados atribuyen
a las regiones?
Hubo de recordarse, asimismo, la controversia que esta cuestión
suscita, dado que la opinión contraria se posiciona diciendo que
insistir en las competencias regionales ante la realidad europea supone
dar pasos en sentido inverso, al reivindicar cierto tipo de descentralización,
cuando lo que se pretende es afianzar la unión.
La "Declaración sobre el Regionalismo en Europa" suscrita
en Basilea en 1996 supuso un significativo avance para la realidad de las
regiones, la cual está ya traducida a 22 idiomas y en la que se determinan
aspectos como las competencias, la autofinanciación, las relaciones
internacionales y un largo etcétera. Concretizando a la realidad
del País Vasco, ante la pregunta de si la Constitución española
posibilita la adaptación a lo establecido en dicha Declaración,
la respuesta fue afirmativa. La idea de que en adelante es primordial fijar
los objetivos que pretenden alcanzar las regiones, y a continuación
tratar de encontrar los medios que permitan realizarlos.
El principio de subsidiariedad está muy ligado con el regionalismo;
es un mecanismo que permite que una competencia atribuída en un principio
a determinado órgano, ante la imposibilidad de ejecutarla adecuadamente,
pueda ser traspasada a un segundo, de modo que se produce una susticuión
e intervención con el fin de ofrecer a los ciudadanos servicios efectivos.
En palabras de un conocedor de este fenómeno europeo, el día
de mañana no existirán ya las competencias exclusivas de los
Estados miembros de la Unión Europea, al pasar su titularidad a este
ente supraestatal; lo cual motiva la preocupación de las regiones
en cuanto que afectará a su distribución competencial. El
futuro es bastante incierto, y se palpa cada vez más notoriamente
la necesidad de redactar una Carta en la que se especifiquen adecuadamente
qué competencias se atribuyen tanto a los órganos europeos
como a los Estados miembros.
Se sostuvo que en general los Estados no han prestado la debida atención
al anhelo participativo de las regiones que los integran, debido a la ausencia
de voluntad política, cuando en realidad éstas no luchan en
contra del Estado, sino a favor de poder contar con voz propia para la defensa
de sus intereses.
Koro Garmendia, secretaria técnica
de la revista Eleria. |