El Carnaval en datos históricos de Bizkaia
Iñaki Irigoien
Referencias sobre la fiesta del carnaval se encuentran entre los primeros datos históricos de muchos archivos municipales. Una de las primeras menciones figura en una carta de 1331 escrita desde Bilbao a los moradores de Lekeitio, donde se les pide volver a sus casas "hasta el día de carnestoliendas primero que viene". Posteriormente, en contratos de muchos otros pueblos, se tiene en cuenta esta fiesta como fecha de referencia, indicando con ello que la misma estaba incorporada plenamente a la vida social, tanto oficial como privada, en consonancia con las más importantes del año.
Pagos municipales, realizados a partir del siglo XVI, evidencian el respaldo oficial que la fiesta ha mantenido, con independencia de la manifestación popular que siempre ha supuesto, aunque, muchas veces, este respaldo se ha visto entorpecido por las limitaciones impuestas por las mismas autoridades, a fin de controlarla. A continuación vamos a presentar algunos datos hallados en archivos y otros escritos.
Los sacristanes, monaguillos y jóvenes de muchos pueblos cobraban, bien en vino, bien en reales, por hacer sonar las campanas de la noche de víspera de Santa Agueda, "para este efecto la llaves de la iglesia". Cien años más tarde aún figuran en Durango pagos al Sacristán por tocar dicha noche las campanas.
Dentro de los días de obligación del tamborilero figura Jueves Gordo, día tradicional dedicado a los más jóvenes. Así se detalla en un pago de Markina: "el Jueves antes de carnestolendas por el tamborín que toca a los muchachos".
El uso de máscaras en fiestas también se manifiesta. Existen ordenanzas municipales, como las de Plencia, donde "en los días de carnaval se permitirá andar por las calles con disfraz, careta o máscara, pero se prohibe llevar la cara cubierta después del toque de las oraciones, a cuya hora se retirará el tamboril y la música de la fiesta". Se limita su uso a unas horas determinadas, así como no se permiten ciertos disfraces o parodias, ni el uso de armas u otros objetos que puedan ensuciar o causar dolor. El "que ninguna persona no sea osada de salir disfrazada con máscaras y armas ofensivas" figura en acuerdos de Durango y otras localidades. En uno de los pagos de carnaval, en Markina se les denomina "cocomarros" y, el año 1810, habiendo estado prohibido su uso por motivos de prevención armada, ante la petición de la juventud, se consiente levantar dicha orden, siempre que los disfrazados anden con formalidad y sin causar daños.
Existen también personajes fijos o determinados. El Oso es uno de las más clásicos. En Durango se dice que la comparsa del Oso resulta muy divertida para los chicos. En Bilbao se describe así al personaje: "vestido con felpudos o narrus viejos, revolcándose de vez en cuando por el arroyo, con espantosos bramidos", el cual, después de mancharse bien en el barro iba a abrazar a las pulcras damiselas.
También en Bilbao, se nos dice que era clásico vestirse de aldeano o aldeana, destacando los "fraiscus", que vestían "con sombrero arratiano, nariz descomunal, la clásica pipa atravesada en ella y a las voces un cencerro colgado en el lugar en que nace el apéndice a los irracionales". Personaje parecido es el "surraundi" (nariz grande) de Durango, que también usaba cencerros y enorme nariz, como su nombre indica. El "turco" es otro personaje bilbaíno, así como el "rabi", armado con un chaleco viejo a modo de tralla.
Las cuestaciones, acompañadas de danzas y cantos, se realizaban en muchos lugares. En Xemein, donde "saltan muchas personas con tambolín y danzantes", pidiendo para sus fiestas, se dan normas sobre este tipo de cuestaciones en 1604. En Lekeitio, a primeros del siglo XVIII, por carnestolondas, las esposas de los señores del Regimiento se dedicaban a pedir limosna para los pobres vergonzantes de la villa.
El postular por las calles, con cantos disfrazados en comparsa, ha sido una de las actividades que figura en peticiones a las autoridades de muchos Ayuntamientos, también al Gobernador Civil. En Bilbao, "la mayoría de estas comparsas no tenían más instrumentos que el rallador de pan sobre el cual rascaban rítmicamente el mango de una cuchara de metal, para acompañar al canto".
No faltan en cuentas municipales pagos a los tamborileros, "para regocijar las carnestolendas". Con ello no han faltado las danzas. Pagos con vinos en los convites al sacar los bailes encontramos en Markina desde muy antiguo. También en Lekeitio por el vino "que bebieron los bailarines que sacaron la primera danza". Durango tenía un zortziko propio de carnaval al bailar el aurresku de este día. Bailes de disfraces para la clase pudiente, en salones, nunca han faltado durante el siglo XIX.
Han existido mojigangas y danzas de palos golpeando al pellejo de vino: baile del troqueo que se llama en cuentas de Markina. En Bilbao, a mediados del siglo XIX, según una carta de dicha época, salta una "comparsa de doce turcos con dos pellejos llenos de aire y con unos palos y txantxirilero por delante", añadiendo, "como solían salir antes".
La realización de comedias se documentan en varias localidades. En Markina se pide ayuda de costas "cuando se hizo la comedia de los caballeros". Representaron comedias, bailes, y otras cosas, a fin de "divertir al pueblo por el tiempo de carnaval". Un año, de ayuda, se acuerda destinar "el producto de un cuarto en cada azumbre de vino clarete navarro y blanco, que se gastase los tres días de carnaval, es a saber, domingo, lunes y martes". También Bilbao colocó tablados para este tipo de funciones.
Los pagos por juegos que más se destacan en las cuentas de ciertos pueblos son las referentes a correr bueyes o novillos y gansos. El toro ensogado ha sido una de las aficiones más arraigadas en el país, por lo que nunca ha faltado en fiestas de carnaval. El correr gallos y gansos se ha dado en muchos lugares. En Markina destacan las referencia a estos últimos. Encontramos infinidad de pagos por la compra de los animales, junto a otras que nos muestran como se hacía. Así tenemos, "por una sortija y gancho para poner la soga donde se corren los gansos". También en Lekeitio se paga por palos y sogas de las cuales estarían pendientes, así como por vino para "los individuos que salieron a caballo y corrieron gansos".
Sobre comidas especiales podemos decir que en Balmaseda el domingo de Septuagésima se conocía como el de los torreznos, de las tajadas y de los chorizos.
El ayuntamiento de Markina pagaba importantes gastos en estas fiestas, junto a los músicos y gansos se hacían convites de vino a los bailarines y se pagaba una suculenta cena a las autoridades y vecinos, la noche del martes, antes de comenzar los ayunos de la cuaresma. La factura de 1789 presenta, entre otras muchas viandas, 24 libras de vaca, 5 y medio de cecina, g y medio de lomo y costillas de cerdo, 3 corderos y 5 capones.
La fiesta finalizaba con el toque de retirada y la ronda final de la Autoridad, que precedido por los tamborileros, recorría las tabernas o revisaba los fuegos que se habían encendido. Datos de finales del siglo XIX en Bilbao nos presentan el "entierro de la sardina" como último acto de la fiesta, al igual que en Portugalete.
Estos datos muestran la importancia de la fiesta de Carnaval en Bizkaia.

Iñaki Irigoien, sociólogo y miembro de Euskal Dantzarien Biltzarra.


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