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Tierra
signada por el destino con la sombras trágicas de las luchas
intestinas, los esquinazos, las pugnas y tensiones internas, no
podía ingresar a la historia de la cultura Occidental de
manera distinta a como lo hizo. Al llegar al Perú, Francisco
Pizarro, el extremeño analfabeto, astuto e inteligente
que lo conquistaría, encontró al Incario saliendo
de una guerra civil en la que Atahualpa venció a Huascar;
y al morir Pizarro (asesinado) se volvió sin cuartel la
sangrienta pugna que ya separaba a pizarristas y almagristas,
guerra civil entre españoles que concluyó con Gonzalo
Pizarro enfrentándose al rey, rebeldía que lo llevó
al cadalzo.
En estas matanzas,
los "vizcaínos" (así se les identificaba
a todos los vascos) participaron activamente en ambos bandos,
siempre en grupo, pues el temperamento y el euskera, que los aislaba
de los demás, los hacía participar en cofradía.
Había, por lo tanto, cofradía vasca en las dos partes.
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VASOS
de oro que Hernando Pizarro llevaba como quinto real al
emperador Carlos V hicieron que Soraluce cambiara de opinión.
Al tocar estas maravillas decidió volver a Perú. |
Andagoya no fue,
pues, el único vasco vinculado a la incorporación
del Perú a la historia de Occidente. Varios fueron los
euskaldunes que acompañaron a Francisco Pizarro en la empresa
que el alavés, por hallarse enfermo, le cedió al
extremeño. Entre ellos destacó Domingo de Soraluce,
uno de los trece que, en la isla del Gallo, prefirieron seguir
al dorado Perú que pregonaba Andagoya, antes que volver
a Panamá "a ser pobres", pasando así a
la historia como "Los Trece de la Fama", entre quienes
también figura un Esquibel con el nombre de Rivera.
Soraluce, nacido
en Vergara al finalizar el siglo XV, acompañó a
Pizarro y Almagro en los primeros pasos de la conquista del Perú,
aunque, por haber quedado en San Miguel de Piura (primera ciudad
fundada por Pizarro) no estuvo en Cajamarca en la captura y ajusticiamiento
de Atahualpa, aquel Inca que entregó como rescate, sin
lograr misericordia, un cuarto repleto de oro. Este crimen fue
desaprobado por el vasco Rada, quien proponía enviar al
Inca a España, y fue condenado por el emperador Carlos
V.
Donde reaparece Soraluce
es, acompañando a Almagro, en la fundación de Trujillo,
también en la costa como Piura. Y en varias crónicas
se relata que el vergalés acompaño a Francisco Pizarro
en su viaje a España para que se le reconociera el título
de Conquistador del Perú. Aunque algo más le concedió
la Corona a Pizarro (lo hizo Marqués) y encumbró
a hijosdalgo a los miembros de su comitiva, a excepción
de Soraluce al que le dio la orden de Caballero de la Espuela
Dorada, ya que por ser "vizcaíno" era de por
sí hidalgo.
Muchos otros
vascos estuvieron presentes en esos primerísimos capítulos
de las conquista del Tahuantinsuyo (el Imperio Inca) y la historia
registra al lado de Soraluce a Pedro Vizcaíno (la primera
baja, en un enfrentamiento con indios antes de llegar al Perú)
y a Salcedo, Navarro, Avendaño, Lazcano, Isasaga, Aguirre
(Pedro), Azpeitia, Echandía.....
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| TRUJILLO.
Ciudad fundada al lado de construcciones de barro preincas,
al mismo tiempo que se producía la toma de Cajamarca.
En esa fundación estuvo presente el Caballero de la
Espuela. |
Sin embargo,
el Caballero de la Espuela Dorada, Domingo de Soraluce (los cronistas
de la conquista peruana alteran de diversos modos su apellido)
no estuvo muy a gusto en la milicia y retornó a Panamá
para dedicarse a los negocios entre el itsmo y el Perú,
siguiendo así la huella de su amigo Andagoya. Aunque en
algo fue muy distinto al seriote alavés (casado éste
virtuosomante en primera y segundas nupcias). Soraluce, el Caballero
de la Espuela Dorada, fue amigo de los devaneos amorosos. Hasta
el punto de que, habiéndose comprometido para volver al
lado de Pizarro, prolongó y prolongó su estada en
Panamá por amor a Juana Ruiz, dama hermosa que llegaba
de España a Panamá para reunirse con su esposo en
Nicaragua. Durante un tiempo, ya de vuelta en el Perú,
lo acompañó y superó ampliamente en estos
lances amorosos su sobrino Juan Ortiz de Vergara. Serían
ellos, aunque más el sobrino que el tío, los que
sentaron la fama de caballeros galantes que alcanzaron algunos
vascos que circularon por América.
Pero volvamos
a Panamá a los tiempos anteriores a la llegada de doña
Juana Ruiz.
La decisión
de volver al lado de Francisco Pizarro no se debió a un
renovado interés de Soraluce por la milicia, sino a la
visita de Hernando Pizarro, quien pasaba por Panamá llevando
el quinto real al Emperador. Al ver los relucientes cántaros
de oro, los vasos de plata y los mantos de plumas que le mostraba
Hernando Pizarro, se decidió el Caballero de la Espuela
Dorada a volver al Perú. Sin embargo, en el barco en el
que saldría para España el hermano del Marqués
llegó doña Juana Ruiz, la belleza que impactó
al vasco y le hizo olvidar los mantos de plumas, los cántaros
y los vasos del quinto real. Por esta razón retrasó
su vuelta al Perú y la fue retrasando y retrasando. Hasta
que un día hizo contactó con Pedro de Alvarado,
el conquistador de Guatemala, quien se había aproximado
a Quito y montaba una gran escuadra para ir al Perú a apoderarse
del Cuzco. Decidió Soraluce tomar partido por Alvarado
y se ocupó de reforzar la expedición armando dos
barcos que tenía en Panamá. Pero pronto llegó
gente de Almagro al itsmo y se iniciaron negociaciones con Alvarado,
negociaciones que concluyeron en una transacción económica
y la retirada de Alvarado a Guatemala.
Los caprichosos
vaivenes de la política colocaron al Caballero de la Espuela
Dorada en la realidad y como su vocación no era precisamente
la milicia, salió de todos modos hacia el Perú con
las dos naves que tenía fletadas, la "Buenaventura"
y la "Santa Clara", pero no cargadas de armas y caballos
como tenía previsto, sino de abundante mercadería.
Siguió, pues, en los negocios, que era lo suyo, hasta que,
muy enfermo, decidió viajar a España. Murió
en la travesía y lo enterró en Panamá su
amigo Pascual de Andagoya.
Después
del arreglo con Alvarado en Panamá, muchos de los vascos
que se habían enrolado en las filas del gobernador de Guatemala
pasaron a las de Pizarro y Almagro, el artífice del acuerdo
con Alvarado. La mayoría eran amigos de Soraluce, pero
no lo siguieron a él en los negocios sino que persistieron
en la aventura hasta el final y algunos participaron en la muerte
de Pizarro. La historia registra los nombres de Ayala, Añasco,
Guevara, Idiaquez y Rada, quien sería la mayor figura almagrista.
 | PIZARRO.
Monumento al fundador de Lima, quien tuvo a Soraluce como
embajador de España. De esa embajada resultó
Marqués el extremeño y Soraluce Caballero de
la Espuela Dorada. |
Don Domingo de
Soraluce nunca dejó de estar ligado al Perú. Por
ejemplo, en la definitiva salida de Pizarro hacia el imperio incaico
(siempre desde Panamá), él y sus amigos vascos no
sólo lo acompañaron sino que uno de los navíos
de la expedición era propiedad del futuro Caballero de
la Espuela Dorada. Esto ocurrió poco después de
la Capitulación firmada en Toledo en junio de 1529, por
la cual Francisco Pizarro quedó como vencedor en sus disputas
con Diego de Almagro y Hernando de Luque (el otro socio de la
expedición de 1524). La capitulación nombraba gobernador
y capitán general vitalicio del Perú a Pizarro,
dejando a Almagro reducido al mando de la fortaleza de Tumbes
y al clérigo Luque a obispo del mismo lugar.
El 6 de Enero
de 1535, luego de algunas dudas entre establecer la capital en
el centro del territorio (según norma española)
o colocarla cerca de un puerto de escape, el celebral Pizarro
se decidió por lo segundo y fundó la Ciudad de los
Reyes (Lima) ; la que, desde esa fecha, fue centro de operaciones
de todo lo que ocurriría en América del Sur, a excepción
del Caribe, que tenía comunicación directa con España.
La ciudad de
los Reyes y antes el Cuzco, serían los puntos de partida
para las expediciones a todo el cono sur de América, empresas
en las que nunca faltaron los vascos o "vizcaínos".
Del Cuzco partió Almagro con muchos "vizcaínos"
a la Conquista de Chile, donde no dejaron buena fama y de donde
volvieron cariacontecidos por no haber hallado el oro que creyeron
allí existía. Y varios de esos "vizcaínos"
(Rada, Bilbao, Sojo, Arbolancha, Enciso, Navarro) fueron los que
dieron muerte a Pizarro en su casa de Lima, (el que dio la estocada
mortal habría sido Martín de Bilbao), lo que no
fue el comienzo sino uno de los puntos culminantes de esa larga
guerra civil en la que hubo vascos en los dos bandos.
De la Ciudad
de los Reyes partió a Chile Alonso de Ercilla, en las huestes
de Valdivia, para borrar la mala fama de la primera expedición,
alcanzar gloria militar en la epopeya que fue la guerra contra
los valerosos araucanos y deslumbrar al mundo con una joya literaria,
La Araucana, un canto épico que, sin embargo, sólo
en parte es crónica de la gesta en la que Ercilla demostró
destreza y valor tan grandes con la espada y el arcabus como lo
hizo luego con la pluma al rememorar desde España aquella
heroica confrontación que no tuvo fin, pues nunca lograron
los conquistadores dominar a Arauco. También de Lima salieron
los vascos que encontraron renombre y riquezas pasmosas en Potosí.
Y en Lima pasó buen tiempo don Juan de Garay, quien salió
del Alto Perú para fundar Buenos Aires, lugar de arribo
para muchísimos vascos en los siglos que siguieron.
Este es el país
que en 1521 descubrió y entrevió sus riquezas el
euskaldun don Pascual de Andagoya, el amigo de don Domingo de
Soraluce, "Caballero de la Espuela Dorada".
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