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El poblado de los Castros de Lastra
Los Castros de Lastra,Caranca. Vista desde el Este.

Los Castros de Lastra se ubican en una colina aislada en términos de los pueblos de Caranca y Cárcamo, entre la carretera A-2625, Madrid-Bilbao (por el Este) y el río Tumecillo que discurre por la parte baja (por el Oeste). Desde este lugar se domina una amplia zona que se acrecienta en días de buena visibilidad, llegando a verse por el Sur hasta la Sierra de la Demanda en La Rioja. Todo el monte está cubierto en la actualidad de una espesa vegetación de encinas, pino y arbustos, existiendo únicamente zonas de cultivo en la parte Sur. Los accesos se realizan desde la carretera A-2625, partiendo de la denominada Venta Burguillos y desde el mismo pueblo de Caranca, una vez cruzado el río Tumecillo. El primero de los accesos resulta más cómodo y cuenta con señalizaciones. En el yacimiento se han colocado varios paneles en los que se explica escuetamente la historia y evolución del poblado.

Su descubridor fue un miembro de la familia Varona, propietaria de la Casa torre de Villanañe, en 1858. Las investigaciones arqueológicas se iniciaron en 1971 (dirigidas por Jaime Fariña) con la realización de sondeos en varios puntos, que pusieron de relieve la importancia del yacimiento y propiciaron a partir de 1975 y hasta 1997 (dirigidas por Paquita Sáenz de Urturi ), se desarrollarán campañas de

Zona V-A. Estructuras de la Edad del Hierro.
excavaciones sistemáticas que han permitido conocer la evolución de este poblado desde la fase final de la Edad de Bronce (1.200 + a. de C) hasta la fase final de la Edad del Hierro (siglo I a. de C). Tras varios siglos de abandono se vuelve a habitar en la Alta Edad Media, a partir del siglo IX d. de Cristo.
Muralla que rodea el poblado por el lado Sur. Construcción del siglo IV-III a. C. Estructura de casa circular.
El yacimiento ocupa la zona media alta de la colina en la que se encuentra. Por su lado Norte ( de Este a Oeste) se halla defendido por un fuerte escarpe rocoso de difícil acceso, excepto en dos pequeños portillos que han servido de paso quizás desde las mismas épocas en que estuvo habitado el poblado. Esta protección natural se complementa con una muralla artificial, que circunda el poblado de Este a Oeste. Tiene una longitud de casi 1 kilómetro ( se han calculado 980 mts.), una anchura de 4 metros y una altura en torno a los 5 metros. Toda ella está construida con elementos pétreos extraídos del mismo monte, adaptándose a la topografía del terreno.
El tramo mejor conservado es el que discurre por la ladera sur del monte, con una longitud de 230 mts. En la actualidad se han puesto al descubierto algunos tramos de esta defensa pero en su mayoría se haya derrumbada. Debido a sus considerables medida y a la existencia de ese gran derrumbe, su observación se puede realizar desde todos los montes cercanos y de puntos bastante alejados. La excavación realizada por la parte inferior ha puesto de manifiesto el momento de su construcción, que podemos situar en torno al año 400 a. de C. o dicho de otra forma, fue realizada hace 2.500 años, coincidiendo con el momento mayor del poblado. Estas dos líneas protectoras (natural y artificial) encierran un espacio de 10,5 Ha. En el que se observan los aterrazamientos de las laderas y restos estructurales de las viviendas, recintos religiosos y funerarios que construyeron las gentes que durante varios siglos habitaron este lugar. Algunos de ellos eran visibles desde antaño y otros han sido puestos al descubierto tras los trabajos de excavación.
Evolución histórica.
En torno al año 1.200 a. de C. ( hace unos 3.200 años) un grupo de gentes, en su mayoría procedentes de las tierras del valle, con cultura propia de la Edad del Bronce en su fase Final, se instalará en la parte media de esta colina que les ofrece además de una protección natural, unas buenas condiciones para su medio de vida, basadas en la ganadería y en una incipiente agricultura. Esos primeros habitantes acondicionarán una parte del monte, aterrazándolo para la instalación de sus viviendas y de los espacios dedicados a la ganadería y agricultura, protegiendo todo el conjunto con una empalizada. (El habitat de este momento se limita, casi exclusivamente, al Sector II, en la zona oeste). Las casas de esta primera fase están construidas con entramados de madera cubiertos de barro (manteados), cimentadas en la propia roca, excavándola, lo que les da un carácter semirrupestre (visibles en la actualidad).
Desde el punto de vista de la industria fabricarán útiles cerámicos modelados a mano y conocerán la metalurgia del bronce. De ambas industrias se han recuperado numerosas muestras (vasijas de cerámica de formas diversas; agujas y fíbulas de bronce, fusayolas (útiles de telar), espátulas y punzones en hueso, etc.). Esta población irá evolucionando al compás de los tiempos y por influencias que le llegarán a través de las rutas comerciales, desde el Valle del Ebro y desde la Meseta dada su buena situación geográfica en una zona de paso
Vasija medieval encontrada en el yacimiento.
entre los puntos antes citados y la costa. Ese cambio, en el marco cronológico de la Primera Edad de Hierro ( del 750 al 400 años a. de Cristo), además de en la cultura material, quedará reflejado en la tipología de las estructuras. Las primeras casas de madera y barro dejarán paso a otras, también de forma circular, de grandes zócalos de piedra con levantes de entramados de madera, que conforman un urbanismo disperso a lo largo de la terraza original, extendiéndose hacia el sur. (Un buen ejemplo de esta tipología se puede contemplar en el Sector II, casa circular).
Alfileres en bronce. Edad del Hierro.
Estructura de un poblado.
Su sistema de subsistencia continúa basado en la ganadería pero la agricultura se va haciendo más presente, prueba de ello son los restos de gramíneas quemadas recuperadas. Los análisis polínicos realizados confirman estos datos y señalan también que en la zona apenas existían árboles, al contrario de lo que ocurre en la actualidad.
En el transcurso de las excavaciones, hemos podido conocer no sólo las fachadas, sino también como era el interior de estas viviendas, en donde destaca el pavimiento de tierra apisonada y perfectamente raseado y sobre él los hogares, generalmente situados en la zona central del habitáculo. Las evidencias materiales (cerámicas y óseas) que se han recuperado de esta etapa cultural son similares en su fabricación a las anteriores, pero más abundante. La metalurgia del bronce es muy importante y se han introducido ya los primeros objetos de hierro (puntas de lanza y fíbulas).
Estela Medieval. Sepultura nº 47.
Zona II. Necrópolis medieval. Estado Actual.

Entorno al siglo V-IV a. de C.(400-350 años a. de C.), en la etapa que se conoce como Segunda Edad del Hierro, se produce el mayor auge y expansión del poblado. Es un período de aumento demográfico durante el que se establecen importantes relaciones comerciales con otros pueblos cercanos que se verán reflejadas en su desarrollo urbano y económico.

El poblado no se limitará al entorno de la terraza originaria (Sector II), sino que abarcará la totalidad de la colina de Este a Oeste en su parte media alta, acondicionando nuevas terrazas con grandes muros de piedra para obtener zonas llanas donde instalar las viviendas, siguiendo las nuevas pautas urbanísticas, así como nuevos espacios para la agricultura, que en estos momentos ha adquirido un importante desarrollo, y para la ganadería que se ha hecho más especializada con mayor presencia de especies domesticadas. (Sector V-A y V-B, en el centro de la colina, y Sector VIII en la zona Sur, junto a la muralla). Todo el recinto se protegerá con la muralla, que ya hemos descrito al comienzo, cuya construcción corresponde a este momento.

Las antiguas casas de forma circular darán paso a otras rectangulares, que conformarán un urbanismo de viviendas adosadas, alineadas a ambos lados de una calle empedrada con pequeñas piedras. (Este urbanismo es visible actualmente en los V y VIII). Los interiores de las viviendas no serán espacios únicos sino que ya existen divisiones. Las paredes son de piedra y levantes de adobe. En las cubiertas se debieron utilizar elementos vegetales.

En el Sector que hemos denominado como V, situado en la zona central del poblado y dividido en dos terrazas es un buen ejemplo de la distribución urbana del conjunto. En la parte baja se han descubierto grandes muros que separan las zonas de habitación o actividades artesanales de los espacios dedicados al cultivo o a recintos para la guarda del ganado. Sin embargo, en la terraza superior se puede observar el aprovechamiento de la roca para la instalación de las viviendas a ambos lados de una calle empedrada.

Zona V-B. Estructuras de la Edad del Hierro.Zona VIII. Estructuras de la Edad del Hierro.
La industria alfarera también ofrece novedades. Además del uso de las cerámicas modeladas a mano, siguiendo métodos tradicionales y con las decoraciones analizadas en la fase anterior, debido a las relaciones con poblaciones de Meseta y del Valle del Ebro, aparecen nuevos tipos cerámicos destacando sobre todo las vasijas fabricas a torno, del tipo conocido como "cerámica celtibérica", en pastas anaranjadas con ornamentaciones pintadas con motivos de líneas y círculos.
La metalurgia, tanto del hierro como del bronce, en estos momentos adquiere un gran desarrollo, incluso existen indicios que avalan la existencia de un foco de fundición, debido a la presencia de moldes y escorias y parece que algunas piezas concretas se realizan en el mismo poblado, como es el caso de las hebillas de omega. Los ejemplares metálicos han sido muy abundantes. En bronce son numerosas las agujas, chinchetas, fíbulas, alfileres y otras piezas de adorno recuperadas.
Hebillas en omega. Edad del Hierro.
En hierro destacan: clavos, herramientas (cuchillos, hoces para la siega, cadenas, azadillas..), algunas armas (dardos y puntas de lanza) y objetos de adorno (fíbulas).
Basándonos en las fuentes escritas que nos han dejado historiadores greco-romanos, podemos aventurar que este poblado estuvo habitado por miembros de la tribu autrigona, la más occidental de las que habitaron nuestra provincia y que se extendía también por el oriente de la provincia de Burgos. Una de sus ciudades importantes era Uxama Barca que bien podría corresponder a esta ubicación.
Poco sabemos sobre las gentes que habitaron este lugar, tanto desde el aspecto social como el antropológico, ya que no se ha localizado la necrópolis correspondiente a este momento, pero si se han descubierto enterramientos infantiles en el marco de las viviendas que nos hablan de la costumbre de sepultar a los que fallecen en los primeros años de su vida en el interior de las casas, que han perdurado en nuestro entorno hasta principios del siglo XX.
En torno al cambio de era, siglo I, el poblado va a ser abandonado, de una manera paulatina y sin violencia, como demuestran los escasos restos dejados en el lugar. Las causas de este abandono son especialmente de tipo económico: la agricultura está adquiriendo gran auge y las terrazas habilitadas al respecto se quedan pequeñas, al margen de la ausencia del agua necesaria para los cultivos. Este hecho hará que sus gentes, al igual que ocurre en los poblados cercanos de la misma época, se trasladen al valle, a espacios cercanos a los cauces fluviales, más favorables al desarrollo de la agricultura y también de las nuevas tendencias urbanísticas. Es probable que una buena parte de los habitantes de este poblado se trasladen a los alrededores de Osma ( cuyo topónimo puede tener su origen en este momento) y Espejo, donde se han recuperado importantes restos de época romana.
Zona II, recintos medievales en la zona Norte de este sector.
Estructura de casa rectangular.
POBLADO DE LA EDAD MEDIA
Durante varios siglos el poblado de Los Castros de Lastra va a estar abandonado. Alrededor del año 800 va a volver a ser habitado, gracias a su buena situación estratégica, en un momento de fuertes convulsiones debido a la invasión árabe. De esta fase se ha descubierto un primer poblado del que además de varias viviendas se pudo estudiar una ermita en torno a la cual se instaló una necrópolis de la que se han recuperado un total de 60 sepulturas, con sus correspondientes esqueletos que han proporcionado datos antropológicos y de patologías.
Vista interior de un poblado.
Zona II. Necrópolis medieval.

Sus restos son visibles en el Sector II, donde se puede apreciar, en el centro, los muros semirreconstruidos del recinto religioso, de pequeñas dimensiones, que en su fachada occidental presentaba un ventanal prerrománico. También se ven varias de las sepulturas descubiertas que responden a la tipología de tumbas de lajas y de murete, con enterramientos infantiles y de adultos.

Este primer poblado de la Alta Edad Media, sufre un pequeño abandono en torno al siglo XII, para ser de nuevo ocupado en el XIII, construyendo nuevos edificios sobre los anteriores, especialmente sobre la necrópolis y la ermita. A este momento corresponderían los grandes muros que se pueden ver actualmente al norte del Sector II. De estas fases medievales son importantes las evidencias materiales recogidas, especialmente las cerámicas. Los restos metálicos han sido también significativos.

Zona II. Necrópolis medieval.
Destacan varias monedas que nos han permitido clasificar cronológicamente los diferentes períodos. Hacia el siglo XVI parece abandonarse definitivamente como lugar de habitación pero se mantendrá su ocupación en relación con la explotación del carbón vegetal de la que quedan muestras en el recinto. Una estructura construida junto a la muralla en la parte occidental del poblado, al sur del Sector II, corresponde a un gran almacén para guardar el carbón.
Zona II. Estructuras de la Edad del Hierro y Edad Media. Estado actual.

Texto y fotografías de Paquita Sáenz de Urturi Rodríguez.

Catedrática de Arqueología. U.P.V.
Maquetas e ilustraciones : Museo de Arqueología de Alava.