Conclusiones del Análisis Lingüístico de Los Cartularios de Santa María de Valpuesta

Los Cartularios de Santa María de Valpuesta nos ofrecen un conjunto de rasgos lingüísticos de la época de orígenes del castellano (siglos IX al XIII) que nos sirven para delinear cómo empieza a conformarse esta lengua romance en este pequeño valle de Valdegobía, hoy a caballo entre las jurisdicciones burgalesa y alavesa. Los datos más antiguos están vinculados a la época en que este centro monástico gozaba de una indudable importancia histórico-política, cuando todavía no se habían creado otros más al sur, como Cardeña, que tomarán su relevo.

Estos primeros datos coinciden con la época en que se datan las Glosas Emilianenses, e incluso se adelantan a ella si tenemos en cuenta el criterio de aquellos autores que retrasan la gestación de éstas incluso hasta el siglo XI. No obstante, la voluntad del escriba o escribas de las Glosas era diferente a la de los redactores de este tipo de documentos latinos o latinizados, puesto que, mientras los primeros parecen tener una decidida intención a escribir en romance, los segundos sólo dejan traslucir los nuevos modos lingüísticos de una forma inconsciente. Aún así debemos reconocer a los documentos de Valpuesta el que sean los primeros en dar fe de elementos lingüísticos del primitivo dialecto castellano como tal, si entendemos que lo que nos ofrecen las Glosas es una variante romance diferente, más oriental.

Dejando a un lado la polémica que hemos apuntado en la introducción acerca de si este tipo de documentación responde a una realidad lingüística romance enmascarada por una grafía y una gramática latinas o si reflejan el propio latín, pero con deslices o interferencias de la lengua romance, lo cierto es que estos textos son de un valor incalculable para obtener información sobre el estado lingüístico del castellano durante los siglos IX al XIII, es decir, inmediatamente antes de que tengamos unos textos claramente romances, con una grafía y una norma propias, decididamente diferente de las latinas. Hay que recordar que aquellos documentos o fragmentos de documentos de los Cartularios de Valpuesta que ya se pueden considerar romances y que se datan ya desde mediados del XI (el más puro tiene una fecha aproximada de 1200) coinciden en la época con otra documentación romance en la Península Ibérica.

Ha de señalarse igualmente, que a la vez que en este territorio entre el Cantábrico y el Ebro, germen de la Vieja Castilla, el primitivo castellano se desarrolla a partir del latín, en otras zonas de la Península comienzan a despuntar otros romances (gallego, asturiano, navarro, riojano, aragonés, catalán y dialectos mozárabes). Por los avatares propios de la historia peninsular, a partir de la reconquista, los dialectos del norte empujarán con fuerza hacia el sur absorbiendo los restos que quedan de las hablas mozárabes. Y entre todos ellos, por razones políticas y económicas, será este castellano que tiene sus primeros testimonios entre los becerros de Valpuesta el que se extienda con más fuerza, absorbiendo a los dialectos más próximos (leonés, riojano-aragonés y mozárabe); es evidente que tras la decidida expansión que el castellano experimenta a partir de la segunda mitad del X, con la creación del gran condado de Castilla. El dialecto abandona los rasgos más arcaicos que se conservan en los textos valpostanos y adquiere una marcada personalidad frente a los demás dialectos peninsulares, de los que también bebe una serie de características.

No obstante y antes de esbozar las conclusiones lingüísticas de este análisis, es preciso insistir en que los resultados obtenidos no serán más que una aproximación a la lengua romance, al castellano hablado en el momento en que los documentos fueron redactados, puesto que el habla siempre se encuentra en un estado de evolución mucho mayor que el de la lengua escrita, en especial, en una época en que no existían medios unificadores y normalizadores de la lengua. Responderá además esta aproximación a un registro lingüístico elevado, ya que los escribas pertenecen a un status cultural más o menos alto y ese nivel será el que transmitan.

Por otro lado, no todos los datos lingüísticos innovadores con respecto a lo que consideramos latín clásico que nos ofrecen los documentos de Valpuesta hay que considerarlos como elementos romances, algunos se venían detectando en el propio latín, como adelantos de la evolución que daría lugar a las lenguas romances, y otros son sólo dudas del copista a la hora de redactar el latín oficial. Sin embargo son muchos los rasgos que nos descubren, tras un disfraz latinizante, el perfil del castellano de esta región, entre el noreste de Burgos y el oeste alavés, en los siglos X-XIII:

En el apartado de la fonética observamos ya cambios vocálicos claramente romances, como el paso de U breve átona a o: pozale, Nograro..., la pérdida de las vocales pretónicas internas: Elzeto, Rodrico, Valposta... así como de las postónicas: do(n), Dominco, domna, fresno, montadgo..., el paso de la -U final a -o, la pérdida de la vocal final: heredad, implir, Albar Didaz, vez..., el cierre de -EA en -ia: Auria, aladania, castanio, Chovarruvias..., la diptongación de E breve tónica: Flumencielo, fornniello, Moliniela, Penniellam, pielle..., que a veces se reduce ante palatal: Tovillas, novillo..., o la diptongación de O breve tónica: Cueva, duen, duena, Eruelas, fuentes, Fueracasas, fueros, malguelo, Tuesta...- nunca hay diptongación ante yod-, el paso de U breve tónicaa o: con, pozo, sopra..., el cambio de -ARIUS, - ARIA/-AREA a -er(o), -era: Armentero, charneros, karrera, custodiero, heras, hero, matera..., de -ASIUS a -es: ceresos y de -ORIUM a -uero: cuero, Muera..., la evolución de articulaciones sincopadas como compare (<COMPARAUI), ferran, Merino..., o el cierre de AU o ALT a o: dono, Losaciella, Oria, Soto, l´otra...

En el consonantismo de los documentos de Valpuesta asoman asimismo con frecuencia rasgos romances: la confusión b/v en todas las posiciones - a pesar de que este es un fenómeno muy extenso y arraigado ya en el propio latín -, algunas pérdidas de F-: Ordonio, Heliz/Heriz, Ahostar, Errando..., la sonorización de oclusivas sordas latinas intervocálicas: Cabezas, Valle Rebielle, aladanios, entrada, exida, heredad, montadgo, nosmedipsos, Pedro, Pinedo, semedero, Vida, Didago, Domingo... o la pérdida de sonoras: Beila, Didaz, Faiolas, Flaino, ferrane, Leone, maestro..., la pérdida de consonantes finales (-M, -T), y fundamentalmente el desarrollo de las palatales y sibilantes a partir de grupos con yod: fiço, plumazos, Terrazos, Flumenzelo, calzata, acadon (<SCY) -con resultado africado y no fricativo-, cabeciles, palacio, poço, argenzos, Sancio/Sangiz, maçanos, mazanetos, conceio, culiares, filios, maguelo/maielo, Pobalias, Spelio/Spegio, Vallilio/Vallegio, vingal/vineis, Lofolio, semoios, arroio, Failolas, Ecta/Ega/Agia/Exa... Así como casos de fonética sintáctica entre elementos claramente romances: del, al, ellera, conna, enna.

La morfosintaxis también nos ofrece datos útiles para el conocimiento de este castellano primitivo; en primer lugar nos encontramos con un proceso que venía produciéndose desde el propio latín: la destrucción del sistema de casos, que es sustituido por el uso de las preposiciones y por el acusativo como caso general; observamos asimismo el proceso de formación del plural romance, que es especialmente evidente en las voces que reflejan ya una evolución fonética muy fuerte: fuentes, pumares, ostales, kasares, mazanetas, sos sobrinos... Sobre todo en el léxico ordinario, aquel que describe el entorno, la casa o la huerta, y en la nueva toponimia se aprecian numerosos sufijos de derivación, de los cuales unos, a pesar de tener algunos tradición latina, tendrán después un alto rendimiento en castellano, y otros registran ya una evolución fonética romance: Cannares, kasares, linares, mazanares, perare, ortales, nocetos, mazanetas, Elcedo, conelina, montadgo, karrera, fossadera, semedero, cuero, Fontaniela, nocediello, Quintaniela, Toviellas, Cozcorrita, Eruelas, Vallilio...

Otro elemento netamente romance que se aprecia en esta documentación es el del desarrollo del artículo a partir del demostrativo latino ILLE-ILLA-ILLUD, junto con el cambio que se produce en el sistema de los demostrativos: ISTE se emplea con el valor "este" e IPSE como "ese". En cuanto a los posesivos, registramos también formas romances como mie ennaia, sos sobrinos, sue vez, meo patre (sujeto), de las cuales parece deducirse una tendencia a la terminación en -e de los femeninos. Lo habitual en cuanto al relativo es la distinción entre qui (sujeto) y que (objeto), pero a menudo se confunden, casi siempre a favor de que, el relativo castellano.

En el paradigma verbal es quizás donde estos documentos son más latinizantes, por lo que nos es difícil encontrar formas romances, si bien se aprecian algunas pérdidas de -M en la primera persona del plural o de -T en la tercera del singular y ciertas formas totalmente romances en documentos más tardíos: compare "compre", fiço, dono "donó", es, pertenez, ba, son, seran, dio, metio, sabudo. Finalmente repararemos en el orden de palabras, en el que se constata la preferencia por una organización decididamente romance (fuera de los elementos más conservadores como las fórmulas, data, etc), con el verbo en posición interior, precedido del sujeto y seguido de sus complementos, introducidos por preposiciones.

No obstante, se registran una serie de elementos romances que clasificamos como arcaísmos o dialectalismos propios de esta zona y que no se han mantenido en el castellano más innovador desarrollado ya en la zona central de Burgos y transmitido hacia el sur acompañando a la reconquista y consiguiente repoblación.

Así el cierre de la o inicial en u: pumares, subrina, mulinos... los plurales femeninos en -es: Salines, Tovelles, la vacilación a la hora de representar el diptongo procedente de O breve tónica: Balepusita, Gontroda, Gontruoda, Grundes, Maielo..., la pérdida de -o final: molin, el mantenimiento de las palatales G, J: germanis, ienitricis, Iessares, Iunkera...,la conservación de la palatal / l / frente a la / c^ / castellana en culiares "cucharas", la palatalización de l- inicial en un caso: Llectos, la conservación del grupo _MB-, excepto en la familia de CAMBIUM, el mantenimiento de la fusión entre la preposición y el artículo: enna, conna, o el artículo lo (<ILLU), claro en un solo caso: Lofoio, pero apreciable en otras formas latinizadas: ad illo molino, de illo potro... Respecto a la conservación de -u final: Anderazu, Petru, Tellu, así como la tendencia a la confusión de l / r: Belaza/Beraxa, Heriz/Heliz, Margalluli (<uri)... pueden deberse a influencia vasca.

Estos elementos arcaizantes unen el romance de Valpuesta con el resto de las expresiones romances de la Península, frente al castellano más novedoso que se desarrolla un poco más al sur. No obstante, otros datos que nos arrojan los documentos de Valpuesta tales como la diptongación ante yod, la relativa inexistencia d variantes para los diptongos ie y ue (especialmente en el caso del primero), la reducción de ié ante palatal, la no conservación de diptongos decrecientes, la pérdida de F-, el resultado prepalatal de LY (grafías <gi>, <g>, <i>), el resultado africado de SCY (grafía <z>, <ç>) o la palatalización de KT (grafías <g>, <gi>, <x>), son pruebas de que la lengua romance de esta zona ha de caracterizarse sólo como castellano, si bien presenta aún algunos arcaísmos.

Habida cuenta de que la Castella Vetula perteneció a Navarra entre los años 1035 a 1065 y de que entre 1052 y 1065 la propia Valpuesta dependió del obispado de Nájera, la influencia de la scripta navarra en los cartularios valpostanos es muy clara en el documento 50 (1039), especialmente en las grafías: malguelo, vinga (este texto contiene además otros rasgos romances, como los diptongos de O breve: malguelo, Duen(no), Gruendes). Influencia que posiblemente no se hizo efectiva en la lengua hablada, sino sólo en la documentación, a través de escribas navarros.

La proximidad en el espacio de la lengua vasca se aprecia en algunos topónimos (Margalluli, Lopa, Yrola, Zopillozi) y en numerosos antropónimos: Eita/Agia/Ega/Exa (sobre el vasco Aita "padre"), Enneco (de ene "mio"), Annaia, Annaiaz o la expresión mie ennaia, sobre el vasco anaia "hermano". Ama "madre", Anderazu, Anderguina o Anderkina sobre andere "señora", Affostar/Haoztar, Amusco, Amunnu (sobre amona "abuela"), Bela/Belasco (de bela "cuervo"), Beraxa/Belaza/Beilaze, Eilo/Olio, Ereti, Iaunso (de jaun "señor"), Ionti, Ozoa "lobo", Peitrokane, Olakide; aunque no sean de origen vasco, si parecen tener tradición en esta zona: Dolkiti, Duranco (topónimo Durango y quizá también Durana), Endura, Gasseza, Lihoti, Lopaza (al menos el sufijo), Nequeti(topónimo Lequeitio), Zorraquinus (en La Rioja aparece el término Zorraquín)...;

Nombres que son mucho más frecuentes en los documentos datados entre los siglos X y XI, época en que serían más habituales las repoblaciones de gentes de habla vasca, mientras que a fines del XI las modas onomásticas empiezan a cambiar y estos nombres son menos habituales en los cartularios valpostanos, aunque no desaparecen. Por otro lado, el hecho de que encontremos un número importante de antropónimos de origen vasco no tiene por qué indicarnos que en esta área se hablara dicha lengua, puesto que no encontramos rastros eusquéricos en otras voces que no sean nombres de persona, si bien los repobladores de ese origen pudieran haber mantenido durante un tiempo su lengua materna.

La influencia árabe apenas se deja notar, excepto en algunos antropónimos: Citi Didaz, Cidiz, Kilicidi, Izani, Sarracinus/Sarrazino/Sarraziniz, Zelanus/Zetlano, Zelonius, y en las voces: adtorra "camisa, túnica" (esta voz no se ha mantenida en el castellano, pero sí en el vasco atorra "camisa de hombre", alfimiane "toca", anubda "tributo para reparar los muros y sótanos de los castillos, preparándolos para su defensa".

Más difícil resulta establecer una cronología dentro de los documentos de Valpuesta. Sólo a partir de las grafías podemos determinar los cambios que se pudieran estar produciendo en la lengua romance a través de los casi tres siglos en los que se redacta esta documentación. La evolución más evidente es la que parecen sufrir los resultados procedentes de la segunda yod: La grafía <li> es general en los documentos datados en los siglos IX, X y XI (excepto el navarrismo <lg> malguelo, junto a <ng>, de 1039), a fines del XI aparece <gi>, junto con <g>, y en el XII <i> que alternará con las anteriores, lo que puede ser indicador de que esta zona tuviera un resultado inicial / l /, como el que se conservó en leonés o aragonés, que avanzaría después hacia un sonido prepalatal fricativo / z / (grafías <gi>, <g> o< i>) en el siglo XI, quizá no por desarrollo propio sino por contaminación desde regiones más occidentales de Burgos.

Las grafías latinizantes condicionan el que no podamos observar la evolución de los sonidos palatales sibilantes, tanto en las voces castellanas, como en las vascas, hasta el 950 (documentación copiada en su mayoría en la segunda mitad del XI).

A partir de esta fecha encontramos más elementos fonética y morfológicamente romances en los documentos (diptongos, pérdida de vocales átonas interiores, reducción de diptongos decrecientes, uso del artículo...), además de presentar el cuerpo central de los textos, aquel que no va sujeto a fórmulas, un orden claramente romance, lo cual nos puede hacer pensar en una evolución gráfica para adaptarse a la realidad de la pronunciación, unida a un alejamiento, consciente o debido a la falta de preparación por parte de los escribas, de la gramática y de la norma gráfica latinas;

Así el documento 17 del año 944 (copia de la segunda mitad del XI): ... in loco que uocitant Elzeto cum fueros de totas nostras absque aliquis uis causa, id est, de illa costegera de Ualle Conposita usque ad illa uinea de Ual Sorazanes et deinde ad illo plano de Elzeto et ad Sancta Maria de Uallelio usque ad illa senra de Pobalias, absque mea portione, ubi potuerimus inuenire, et de illas custodias, de illas uineas de alios omnes que sunt de alios locos, et omnes que sunt nominatos de Elzeto, senites et iubines, uiriis atque feminis, posuimus inter nos fuero que nos fratres poniamus custodiero de Sancta Maria de Ualle Conpossita

A partir de 1107, momento en que comienzan a copiarse documentos del Gótico en letra carolina, creo que puede pensarse en una cierta manipulación de los documentos originales en el sentido de que hay un intento de latinizarlos. Esa posibilidad parecen confirmarla los documentos 111 y 111-b de 1107, en el primero de los cuales las grafías apuntan bastantes rasgos romances, si bien el texto está lleno de tachaduras mientras que el segundo copia al anterior, latinizándolo, añade fórmulas, altera el orden sintáctico..., aunque mantiene los romancismos en los nombres de persona y de lugar: ...spontaneas nostras voluntates, sic tradimus nostros solares cum sua divisa et sua era et suo orto, tres terras, duas intro ambas villas, una terra in vado Cannares, tres vineas ad illa spinea latus de Nuno Ovecoz et de Iohannes Veliaz de la Rade in locum quod dicitur in illa Rade, iuxta carrera de parte iuso ad atrium sancte Marie Virginis in Valleposite, pro remedio animarum nostrarum vel parentum nostrarum (sic), ibi deserviencium in ipsa regula in secula seculorum, amen (111)

...spontaneas nostras voluntates, sic tradimus nostros solares cum sua divisa et sua ereditate ad atrium sancte Marie virginis Vallisconposite et ad tibi episcopo domino Garsia et Vincencio archidiacono et tibi nostro magistro domino Lope, pro salute vel pro remedio animarum nostrarum vel parentum nostrorum, in locum quod dicitur La Rade, iuxta carrera de parte iuso circa illa ecclesia, cum sua era et suo orto et tres terras, duas intro ambas villas una terra in vado Cannales et tres vineas ad illa spinea, latus de Nuno Ovecoz et de Johannes Veliaz de la Rade, cum exitibus et regressibus in montibus, in fontibus, in pascuis, in molendinis et cannales, et cum quantum ad illos solares pertinent. Sic damus atque concedimus ut de hodie antea fiat exitu de nostro iuro et in iuro de sancte Marie confirmato (111b)

No obstante estos intentos de latinización, es inevitable la aparición de fragmentos con muchos elementos romances. Así una serie de documentos, fechados en 1132, concretamente el documento 162, de ese año, constituye ya un documento cuasi romance. Documentos con estas características son el 176 de 1184 y el 177 de 1190, mientras que es totalmente romance el 178 de 1200: In Dei nomine. Esto sea sabudo a los que son y a los que seran: que Fortun Sangez de Butrana dio una tierra al molin de rriba por anneversario a los chanonigos de Valposta et metio? Ena tierra a domino Garcia, maestro de Valposta: testes Enego Lopez de Fresneda, Sancho Ortiz de Orruno, G. Garçiez de Butrana, Enego Lopez, Sancha Alvarez, M. Sangez, M. Belaz de Butrana, B. Abad d´Acevedo, I. Garçiez.

Este documento fue copiado en los huecos en blanco de un cuadernillo más antiguo, del mismo modo que otros dos documentos de 1184 y de 1190, el 176 y 177 respectivamente, también romances, aunque bastantes latinizados todavía; la fecha de estos documentos nos hace suponer que sean originales o que se copiaran en una fecha poco posterior a la de su redacción, suposición que nos invita a pensar que estamos ante dos de los documentos romances más antiguos del área hispana.

Concluiremos que el presente trabajo no ha sido más que una aproximación al caudal de datos que sobre el desarrollo del primitivo castellano podemos encontrar en la documentación valpostana. Son varios los aspectos que desde el punto de vista lingüístico merecen un análisis más detenido; así el léxico de los documentos merece ser desbrozado con mayor detenimiento, así como la antroponimia y la toponimia, pudiendo apreciar con mayor precisión en estos niveles posibles influencias de otras lenguas (vasco, árabe), así como las similitudes y diferencias con los dialectos romances del entorno; para consolidar este último punto sería interesante confrontar los Cartularios de Valpuesta con otros Cartularios próximos a ellos en el tiempo y en el espacio.

En cuanto a un posible cotejo de las versiones de los becerros Gótico y Galicano, no arrojaría más que algunos datos relativos al estado lingüístico del siglo XIII, es más, la latinización que sufrió el segundo puede proporcionar más errores que aciertos.

Y por lo que respecta a otros niveles de investigación, cabrían otros trabajos complementarios tales como los arqueológicos, que en un futuro podrían arrojar luz sobre los orígenes de Valpuesta y confirmar vestigios mozárabes, conexiones con otros monasterios de la época, etc.

Emiliana Ramos Remedios " Los Cartularios de Santa María de Valpuesta. Análisis Lingüístico"

Donostia: Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos, 2000.

ISBN: 84-8419-959-2 Colección Lankidetzan Bilduma Nº 17.

(Para conseguir la publicación completa dirigirse a valpuesta@telefonica.net)