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María Jesús Soto Bruna / Profesora Ordinaria de Filosofía. Universidad de Navarra

María Jesús SotoEn nuestros días, el ser humano cuestiona su propia identidad; la pregunta misma por su ser indica el cuestionamiento del sentido de su existencia. Asimismo, la pregunta implica la memoria de que identidad y sentido están presentes en la búsqueda. Quizá más que nunca, el ser humano ha buscado qué es aquello que le constituye como tal y lo diferencia de resto del universo. En esa búsqueda ha encontrado tanto solipsismo como alteridad.
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Félix Ares de Blas / Comunicador Científico

Félix Ares de BlasSi nos preguntan qué es un ser humano, probablemente nuestra respuesta –salvo que seamos racistas radicales– será que ser humano hoy es lo que la ciencia ha definido como Homo sapiens, incluyendo en esta categoría también a los Neandertales. Según algunas clasificaciones, nosotros seríamos Homo sapiens sapiens y los neandertales Homo sapiens neanderthalensis. Todo parece muy claro. Sin embargo, si profundizamos un poco más, vemos que la respuesta no es tan sencilla y que estamos muy lejos de tener una respuesta consensuada. Basta con estudiar algunos de los movimientos en favor de los «derechos de los simios». Por poner un ejemplo concreto, el proyecto «Gran Simio» que nació en 1993 de la mano de Peter Singer y Paola Cavalieri. Fueron investigadores como Jane Goodall, Diane Fossey y Birute Galdikas las que «demostraron» que los grandes simios –chimpancés, gorilas y orangutanes– piensan y sufren de modo muy similar al humano y, por lo tanto, había que romper las barreras entre los derechos de los animales y de los humanos y reconocerles derechos humanos.

¿No es eso –hasta cierto punto– hacerlos humanos?

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Andrés Ortiz-Osés / Catedrático emérito de la Universidad de Deusto

Andrés Ortiz-Osés Me invitan a escribir sobre el ser humano hoy, y viene en mi auxilio su origen del humus (tierra, polvo). Ser humano es ser humus terráceo o polvoriento, como narra el Génesis, el cual añade al lodo telúrico del hombre un aire o hálito espiritual. Hasta ahora el hombre ha desarrollado sobre todo su tierra o lodo, y no tanto su alma o espíritu. Esto significa que el hombre ha cumplido su proceso de hominización, pero aún no de humanización.

Filósofos y antropólogos interpretan el humus del hombre no en sentido literal sino simbólico, traduciéndolo como mundo. El hombre no es meramente tierra, sino tierra cultivada y culturizada, tierra habitada y habitable, así pues mundo abierto al sentido interhumano. La tierra del hombre se vuelve humana, es tierra ya no literal sino literaria, humus húmedo o humedecido de sentido interlingüístico. Ahora el hombre es el ser encarnado en la carne simbólica del mundo.

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Xabier Etxague. Hezkuntzaren Zientzietan doktorea / Ana Aierbe. Psikologian doktorea

“Irakurketa oinarrizko konpetentzia bat da, ez bakarrik ikaskuntzarako baizik eta norberaren ikuspegi analizatzailea, kritikoa eta erabakitzailea garatzeko”
“La lectura es una competencia básica, no solo para el aprendizaje sino para el desarrollo del espíritu crítico, el análisis y la decisión”

Melania Moscoso / Profesora del departamento de Filosofía de los valores y Antropología Social

Melania MoscosoSe insiste desde la biología y desde las ciencias humanas que el hombre es una criatura incompleta, indeterminada y altricial, que difícilmente podría sobrevivir sin ese complejo entramado simbólico y material que llamamos cultura. Por esta razón se ha señalado que en lugar de fijarnos en las cualidades que lo hacen distintivo de otras criaturas como el lenguaje, haríamos bien en reparar en sus carencias y en su radical dependencia con el entorno natural, y con los otros humanos.

Hoy más que nunca el agotamiento de los recursos materiales y el desplazamiento masivo de las poblaciones como resultado de las guerras y la devastación del medio ambiente ha puesto sobre el tapete que uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos es la necesidad de hacernos cargo de nuestro potencial destructivo como especie.

Todo ello, pone de manifiesto lo que la propia etimología de la palabra cultura siempre ha señalado, que la humanidad ha de ser cultivada, dada su fragilidad y la radical precariedad de nuestro estar en el mundo. La cultura deviene así cuidado de lo que somos y nos rodea, un estar en el mundo enraizado en el humus que nos hace humanos, la vulnerabilidad que nos constituye y que nos hace capaces de lo mejor y de lo peor.