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Andrés Moya / Catedrático de Genética en la Universitat de València

Andrés MoyaMemoría y promiscuidad a propósito del futuro posthumano

Cualquier reflexión sobre el futuro de la especie humana requiere una similar sobre su origen y evolución. Nada mejor para vislumbrar el futuro que nos espera que indagar en cómo hemos llegado hasta aquí y qué sinuosos caminos hemos tenido que recorrer, algunos de los cuales acabaron en vías muertas. Cuando examinamos la historia de nuestro género nos encontramos con interesantes hallazgos que pueden ilustrarnos sobre caminos futuros.

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David Alvear / Doctor en Intervención Psico-pedagógica. Baraka Instituto de Psicología

David AlvearEn este escrito se plantearán desde una perspectiva bio-psico-social las encrucijadas y retos a los que se ve abocado el ciudadano del siglo XXI. y cómo las actuales investigaciones en neurociencia afectiva pueden ofrecer ciertas pautas de conducta individual y comunitaria para gestionarlas.

Comencemos por lo evidente, el ser humano en la actualidad sigue siendo un homínido con una capacidad craneal aproximada de 1500 centímetros cúbicos y un porcentaje de 80% de cortex en el tamaño total del cerebro. Estas características quizá sean las que diferencian al ser humano del resto de homínidos, generando una mayor masa cortical en áreas sensorio-motoras que entrañan una coordinación motora fina más compleja y una mayor masa cortical en los lóbulos frontales, asociada con conductas empáticas, con la capacidad de generar imágenes mentales y con la internalización de reguladores sociales (valores y reglas sociales), entre otras capacidades.

Sucede que éste homínido (Homo sapiens), evolutivamente hablando, no parece estar completamente preparado para integrar los extraordinarios cambios socio-culturales que le está tocando experimentar, éste fenómeno conlleva ciertos desajustes que se relatan a continuación:

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Raquel Cascales / Profesora de Antropología y Ética de la Universidad de Navarra

Raquel CascalesConocer al ser humano nunca ha sido una cuestión sencilla, pero hoy esta cuestión no sólo es más difícil sino también más acuciante, puesto que desde algunos ámbitos se está queriendo superar la idea de “ser humano”. Habría que decir que no sólo la “idea” sino al propio ser humano.

Cada vez están alcanzando más difusión entre nosotros las ideas del movimiento transhumanista. Los transhumanistas consideran al ser humano como un ser imperfecto y defienden que tenemos el imperativo moral de mejorarlo a través de la ciencia y la tecnología. Las imperfecciones o taras a las que se refieren cuando miran al hombre son sobre todo a que su condición biológica es defectuosa, ya que su capacidad intelectual es limitada, se cansa, enferma, envejece y muere. Además, consideran que la evolución no ha preparado al ser humano para el mundo contemporáneo, con sus angustias y sus exigencias.

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Víctor Gómez Pin / Filósofo

Víctor Gómez PinSíntesis e índice temático. El humanismo puede ser considerado como la inclinación a dar al hombre una posición jerárquica entre las especies vivas y animadas. Desde Aristóteles ello se sustenta en la atribución al animal humano de facultades que no serían compartidas por ninguna otra especie viva, concretamente la técnica y la  facultad de razonar (techne kai logismois). De ahí que el humanismo sufra un embate con la mera atribución de la capacidad de razonar a otras entidades, como es el caso de las máquinas que podrían incorporarse a nuestra cotidianeidad.

Cuando se jerarquiza  la razón y el lenguaje a la hora de caracterizar al ser humano no se olvida sin embargo que el hombre es una especie animal entre otras especies animales. En una perspectiva aristotélica, hablar de cosmos u orden es referirse a especies, existentes de toda eternidad, animadas o no animadas,  tenga  el hombre trato con  las mismas y conocimiento de sus rasgos  o  permaneciendo para el hombre  en la sombra; las especies son la única modalidad efectiva de que el género sea, pues  no se da el animal, el vegetal o el mineral, sino tal  o tal especie en cada una de estas rúbricas genéricas. Ciertamente la teoría de la evolución introduce un cambio, puesto que una especie deviene una cosa no sólo mutante sino pasajera, no obstante lo específico sigue siendo determinante como lo muestra el hecho de que nos caracterizamos por el hecho de responder al genoma de la especie humana. De ahí que al poner  en cuestión el peso de lo específico, como hace en ocasiones  la llamada bilogía de síntesis, se está indirectamente poniendo en cuestión la primacía de algo fundamental en nosotros, a saber, la primacía de la animalidad en el seno de la vida. Sin embargo tanto en el caso de la inteligencia maquinal, como en el caso de la vida sintética,  el humanista tiene sin embargo una respuesta para seguir reivindicando su jerarquía en el hecho mismo de que  ambos son constructos del hombre.

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