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Melania Moscoso / Profesora del departamento de Filosofía de los valores y Antropología Social

Melania MoscosoSe insiste desde la biología y desde las ciencias humanas que el hombre es una criatura incompleta, indeterminada y altricial, que difícilmente podría sobrevivir sin ese complejo entramado simbólico y material que llamamos cultura. Por esta razón se ha señalado que en lugar de fijarnos en las cualidades que lo hacen distintivo de otras criaturas como el lenguaje, haríamos bien en reparar en sus carencias y en su radical dependencia con el entorno natural, y con los otros humanos.

Hoy más que nunca el agotamiento de los recursos materiales y el desplazamiento masivo de las poblaciones como resultado de las guerras y la devastación del medio ambiente ha puesto sobre el tapete que uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos es la necesidad de hacernos cargo de nuestro potencial destructivo como especie.

Todo ello, pone de manifiesto lo que la propia etimología de la palabra cultura siempre ha señalado, que la humanidad ha de ser cultivada, dada su fragilidad y la radical precariedad de nuestro estar en el mundo. La cultura deviene así cuidado de lo que somos y nos rodea, un estar en el mundo enraizado en el humus que nos hace humanos, la vulnerabilidad que nos constituye y que nos hace capaces de lo mejor y de lo peor.

Juan Telleria / Doctor en Filosofía

Juan TelleriaEn términos políticos y sociales me gustaría poder seguir pensando que el ser humano es ese ser esencialmente racional capaz de solucionar los problemas de forma consensuada y dialogada. Y me gustaría poder seguir pensando que de esa capacidad se deriva cierto progreso político y moral. Pero tengo la sensación de que la realidad nos ha mostrado que ese no es el ser humano, sino la imagen idealizada del ser humano que ha permitido que nuestro optimismo y nuestras ilusiones no se apagaran hace ya un par de siglos, pero que, a su vez, ha legitimado y ocultado las complejas dinámicas de poder y dominación que en gran medida han dado forma al mundo actual. Paradójicamente, buscando nuestra libertad hemos acabado haciéndonos esclavos de nosotros mismos. ¿Es entonces el ser humano un ser que buscando su propia realización tiende a someterse a sí mismo? No sé si eso es el ser humano, pero sí me atrevería a decir que ese es el ser humano hoy.

A otro nivel de reflexión, si hago un esfuerzo por liberarme de los patrones y categorías desde los que habitualmente pensamos al ser humano y me pregunto, como lo hace un niño, sobre la propia existencia de los seres humanos, la realidad me parece el mejor cuento de ciencia ficción jamás escrito. Si no conociera a los humanos y me los explicaran, no me lo creería.

Bárbara Jiménez / Investigadora postdoctoral en Filosofía de la Universidad del País Vasco

Bárbara Jiménez

Pensar como humanos hoy consiste en apelar a la razón olvidada, una vuelta a la reflexión, a la conciencia, a la sabiduría. No es sino gracias a la estabilidad que el bienestar cognitivo nos proporciona que podemos actuar como humanos, esto es, con conciencia social, afecto y cohesión. Se trata de un grito de urgencia a la empatía, la concordancia y la solidaridad perdidas; una apuesta por la recuperación de la prudencia y la sensatez colectivas, interceptadas por las circunstancias de un tiempo adverso a nuestra prosperidad.

Parte de lo que significa ser humano hoy es conocer cómo llegamos a serlo. Busquemos, por ello, el deseo de recuperar la conducta social que evolutivamente nos ha hecho ser como somos hoy. Debemos, en cambio, moderar, equilibrar nuestra biología más individualista y competitiva para hacer frente a un egoísmo que nos es dado, acentuado éste por un contexto social que estimula al individuo, primando las particularidades, insistiendo en lo privativo, señalando la exclusividad.

El ser humano no logra ser consciente de sí mismo si no es gracias a sentirse parte de su todo, esto es, del entorno social. Reflexionemos, concienciémonos, recuperemos, entonces, esa conciencia sobre el bien hacer social que nos ha permitido llegar hasta la actualidad como seres humanos para mirar más allá de nosotros mismos, identificar la buena conducta y formar parte de ella.

Ser humano hoy, en definitiva, consiste en recordar que lo somos.

Natalia Ojeda / Catedrática de Psicología. Universidad de Deusto

Natalia OjedaCaemos en la tentación de ignorar con demasiada facilidad que prácticamente todas las ciencias tienen como finalidad última la mejora de la calidad de vida del ser humano. Ignorar ese vínculo entre lo científico y lo humanístico otorga a la sociedad un modelo mutilado que se refleja en algunas de las carencias de la sociedad actual. ¿O qué buscamos realmente cuando inventamos una fórmula matemática de predicción del tiempo atmosférico, cuando examinamos el cerebro de un grupo de pacientes, conseguimos el desarrollo de un software que pone en comunicación a personas o que sirve para mejorar la precisión con que un robot participa en una intervención quirúrgica?.

Integrar  la formación humanística y científica no es un modelo que sea posible sino que ya existe.  Existió por ejemplo cuando en las antiguas licenciaturas las asignaturas del primer y en parte, del segundo año (de seis) se destinaban a contenidos transversales de diferentes materias como la pedagogía, la filosofía o la antropología, aunque la licenciatura fuese en psicología. Permitía no sólo una formación complementaria sobre las necesidades del ser humano, sino mejorar el entendimiento y el enfoque de otras disciplinas profesionales con las que nos veíamos en la necesidad de colaborar durante nuestra vida laboral motivadas por la creciente, y a mi juicio acertado, enfoque inter/multidisciplinar.

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