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Joaquín Sevilla / Responsable de divulgación del conocimiento de la Universidad Pública de Navarra

Joaquín SevillaSer humano hoy es poca cosa. Hoy sabemos lo gigantesco que es el universo y lo minúsculo de nuestro hábitat en comparación. Hoy conocemos muchos detalles de los procesos evolutivos y que, en realidad, no somos la cúspide de la misma sino una rama más del enorme árbol de la vida. Sabemos que la velocidad de la luz es un límite inalcanzable. Sabemos, gracias al teorema de Gödel, que no se puede construir un sistema lógico cerrado y completo. El avance del conocimiento científico en los últimos siglos ha ido apartando a la humanidad del centro del universo en el que una vez se creyó (y en el que aún se creen algunos de nuestros congéneres).

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Arantza Echaniz Barrondo / Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto

Arantza Echaniz BarrondoVoy a cambiar un poco la pregunta y voy a responder, en mi opinión, dónde radica la humanidad, qué es lo que nos diferencia de otros seres. Hablaré de lo que, a mi entender, debe de ser que no siempre coincide con lo que es.

Empezaré defendiendo la dignidad humana; ese valor intrínseco que caracteriza a la persona desde su concepción hasta su muerte y que es el fundamento de los derechos humanos. Está recogido en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. En una conferencia a la que asistí, Adela Cortina señalaba que el lenguaje nos compromete (solemos decir ‘te tomo la palabra’). Cuando “declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso (Echaniz Barrondo, 2016). Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones. Por esta razón hablar de humanidad es hablar de fraternidad, de defensa y de lucha por los derechos de todas las personas. Somos seres sociales. Necesitamos de otros para sobrevivir y nos conformamos en la relación que establecemos con otros, conocidos y desconocidos. Nuestras relaciones nos definen, cómo nos comportamos con otros seres habla de cómo somos.

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Andrés Merejo / Filósofo

Andrés MerejoEl hombre de hoy, en las distintas modalidades de sujetos cibernéticos

Los discursos filosóficos han encarado la concepción del hombre desde el saber, la ética, la estética, el conocimiento, la técnica y la política.

Es con Sócrates que la filosofía deviene en filosofía antropológica. El filosofar socrático se diferenciará de sus antecesores: los presocráticos, por no colocar la physis en el centro de la reflexión filosófica, sino al hombre en la búsqueda de sí mismo, de autoexamen de conciencia, de ser racional, lo que implica un hombre ético que se cuida y conoce a sí mismo. Será con el filosofar de Protágoras que el hombre se sitúa en el discurso de lo no absoluto, en la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y las que no son (Merejo, 2005). Su relativismo tiene fundamento antropológico relacionado con el lenguaje y el discurso.

A partir de las explicaciones de estos filósofos, se puede decir que el filosofar antropológico no ha dejado de ser objeto de preocupación en muchos de los mundos filosóficos que han sido construidos en el universo de la Filosofía, donde la valoración del hombre sale a relucir en pensadores como Kant, Nietzsche y Sartre.

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Fernando Escalante Gonzalbo / Sociólogo

Fernando EscalanteLa pregunta me rebasa. También me inspira curiosidad. No puedo dar una respuesta, ya lo sé, y eso me tranquiliza de alguna manera. No voy a intentarlo. Pero se me antoja darle vueltas a la pregunta. Leo algunas de las respuestas de estos meses anteriores, bastantes, y las encuentro todas sensatas, inteligentes, bien tramadas, como se decía antes: muy puestas en razón. Y verdaderamente, no se me ocurre que pudiera yo añadir nada -salvo que mi retraimiento también tuviese algo de interés.

Me distraigo mirando algunos libros. Casi al azar, abro uno de Santayana. Y en la primera página, esto: “El ser humano está prejuiciado contra sí mismo: cualquier cosa que sea obra de su mente le parece irreal o relativamente insignificante. Sólo nos sentimos satisfechos cuando nos hacemos la ilusión de estar rodeados de objetos y leyes independientes de nuestra naturaleza. Nos hace falta todavía reconocer en la práctica que el gran mundo de la percepción deriva todo su valor de nuestros menospreciados sentimientos. Las cosas son interesantes porque nos ocupamos de ellas, y son importantes porque las necesitamos…” Es verdad, o eso me parece, la necesidad de contar con algo más, fuera de nosotros. No estoy seguro de que sea un defecto.

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