Juanjo Álvarez / Catedrático de Derecho

Juanjo ÁlvarezInternet contiene y aporta datos más allá de toda frontera de espacio y tiempo: todo está disponible, siempre y en cualquier lugar: vivimos inundados, desbordados de información pero con déficits de conocimiento.

Tecnología y formación, Internet y conocimiento, son binomios posmodernos que no deben hacernos olvidar que casi todo el mundo puede tener a su alcance la tecnología, pero la clave sigue siendo gestar un buen modelo educativo. Cegarnos por la efervescencia de la inmediatez que ofrece Internet hace que seamos una sociedad saturada de información y que olvida sus valores, una sociedad que ensalza la tecnología y muestra analfabetismo en valores cívicos, una extraña combinación de egoísmo y de gregarismo.

Como indica Ignacio Ramonet, la dimensión geopolítica que representa Internet es brutal: la comunicación y la información de ella extraída es hoy día una materia prima estratégica; el control de Internet otorga al poder que lo ejerce una ventaja estratégica decisiva. Si nos remontamos al pasado y buscamos analogías, cabe recordar que en el siglo XIX Inglaterra dominó el mundo gracias al control de las vías de navegación planetarias, ésas que hoy representa esta gran red de redes que supone el universo Internet.

Nuestra manera de acercarnos a la realidad cambia debido a internet: brinda muchas ventajas, sin duda, pero percibo que acelera nuestro proceso de asimilación de forma superficial, que desplaza a favor de la actualidad sumarial todo lo que requiera sumergirse en la lectura calmada y en el análisis de los medios escritos, y que aunque no deba estar reñido, por supuesto, con una investigación de calidad muchas veces sacrifica en el altar de la productividad (hay una hipertrofia de publicaciones científicas) el valor de la originalidad científica.

Reclamamos la “digestión” inmediata de cualquier acontecimiento social, convertimos el conocimiento en un producto más de la sociedad hiperconsumista, e internet nos brinda esa inmediatez a golpe de click. Bien utilizado es una herramienta social capaz de movilizar recursos humanos a una velocidad descomunal, pero conlleva el riesgo derivado de un cierto declive de la socialización cotidiana.

La “galaxia” internet nos ofrece millones de sitios, miles de millones de páginas, un universo mediático que está transformando, por ejemplo, la política en espectáculo, y que introduce una lógica del mercado , que nos hace demasiadas veces abandonar, como señaló Gilles Lipovetsky, la reflexión en beneficio de la emoción, la teoría y la abstracción en beneficio de la utilidad práctica.

Como brillantemente señala D. Pennac, las palabras pueden ser sustancia sin contenido cuando nos piden que las consideremos mero objeto de conocimiento. Como todo, Internet no debe ni demonizarse ni ser sacralizado. Facilita nuestros acceso a datos, democratiza el conocimiento pero no debe anular nuestra capacidad de análisis ni la necesidad de tomar tiempo y distancia para dejar que la lectura destile su poso de reflexión, la única forma de ser conscientes de lo poco que sabemos. La omnisciencia que ofrece Internet es hueca, no debemos nublar nuestra capacidad de reflexión.


Juanjo Álvarez. Nazioarteko Zuzenbide Pribatuaren Katedraduna. UPV/EHU

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