Almudena Eizaguirre / Directora de la Unidad de Innovación Docente de la Universidad de Deusto

Almudena EizaguirreComenzar respondiendo a la pregunta directamente, supondría admitir la existencia de un divorcio entre las Humanidades y las Ciencias, cuando estas áreas están tan conectadas entre sí como lo están los hemisferios cerebrales. Aunque cada uno de estos desempeña funciones propias (el izquierdo es racional y lógico, y el derecho es intuitivo y creativo), la persona necesita ambos para vivir una vida plena.

Interpreto, por tanto, que a lo que se está apuntado con la pregunta es a la pérdida de peso de las Humanidades en los Planes de Estudio Universitarios. En resumen, las Ciencias serían aplicables al Mercado (“útiles”) y por tanto deberían potenciarse, mientras que las Humanidades no serían aplicables al Mercado (“inútiles”) y por tanto no deberían potenciarse.

Definida la cuestión en estos términos, en las siguientes líneas realizaré una defensa sin ambages de las Humanidades. Presentaré para ello tres puntos: ¿Sirven las Humanidades? ¿Generan valor económico las Humanidades? ¿Qué modelo educativo necesitamos?

1. ¿Sirven las Humanidades?

Existe una verdad asumida según la cual las Humanidades “no sirven para nada”. Los niños lo plantean desde sus primeros años en la escuela: ¿por qué tengo que estudiar Filosofía si no sirve para nada?, ¿y música?, ¿y latín?… y así sucesivamente con todas aquellas áreas que se caracterizan por ser intuitivas, no certeras y no mensurables, y que, como si fuese una profecía de autocumplimiento, terminan por convertirse en “marías”. En contraposición, las asignaturas de Ciencias, que se caracterizan por su discurrir lógico, medición y certeza, se convertirían en el “hueso duro” de los planes de estudios y preocupación de alumnado y profesorado.

Sin embargo, un simple vistazo al mundo que nos rodea nos indica que las Humanidades sirven, no ya para el alma, que también, sino para el Mercado:

Los filólogos prestan sus servicios en el campo de la traducción e interpretación de lenguas en organizaciones e instituciones internacionales (con el añadido de que estas últimas cada vez cobran mayor peso en un mundo globalizado).

Los historiadores prestan sus servicios en el mundo editorial y de los medios de comunicación, como expertos, asesores y documentalistas. Son además profesionales perfectos para gestionar esas instituciones tan queridas y faro de la civilización como son las bibliotecas y archivos.

Los expertos en ciencias políticas, o politólogos, son quienes mejor conocen el entramado político, administrativo e institucional, y pueden ayudarnos a resolver problemas tan complejos como los procedimientos para la investidura de un presidente de Gobierno o la validez de un expediente administrativo para la construcción de una carretera.

Los sociólogos analizan los sondeos y los datos, y son además grandes expertos en marketing y mercadotecnia.

Los psicólogos nutren los departamentos de recursos humanos de las empresas y prestan sus servicios en el campo de la psicología clínica. En definitiva, son responsables de nuestra salud mental, bien como ciudadanos, bien como trabajadores.

Los literatos nos recuerdan la importancia de saber escribir y de hacerlo de forma legible. Son la columna vertebral del sector editorial y desempeñan funciones tan importantes como la de guionistas en el sector del entretenimiento.

Los periodistas nutren con sus crónicas, orales o escritas, los medios de comunicación. Profundizan en la realidad y nos ofrecen una foto más completa de esta. Junto con los sociólogos, los literatos y los psicólogos nutren sectores como el de la publicidad.

Los expertos en religiones pueden prestar servicios de gran valor en áreas como la mediación y la resolución de conflictos interculturales y religiosos. Cuestiones como la de la inmigración, que difícilmente encontrarán una respuesta desde el mundo de la empresa, pueden ser abordadas mucho más fácilmente por estos expertos.

Los graduados en educación física nos recuerdan la importancia de estar en buena forma. La industria del fútbol mueve miles de millones. Los mayores eventos a nivel mundial son, una y otra vez, deportivos: Olimpiadas, Mundial de fútbol, Copa de América, etc.

Los músicos nos deleitan con su música. Algunos, incluso, los más “modernos”, ¡son capaces hasta de llenar estadios de fútbol!

Los actores y las actrices representan las historias que los literatos, guionistas y periodistas nos cuentan. Sospecho que de la escuela de interpretación “Actors Studio” han salido muchos más premios Oscar que todas las escuelas de negocios del mundo juntas.

Los expertos en arte planifican las exposiciones en los museos y los recorridos turísticos por lugares de interés. Según datos obtenidos en internet, la institución más visitada en el 2015 en Bizkaia fue el Museo Guggenheim (algo más de un millón de visitantes), por encima de la Feria de Muestras (en torno a novecientos mil visitantes).

Los filósofos nos ofrecen una visión más profunda y afilada de la realidad, y pueden ocupar puestos de relevancia en nuevas profesiones como el mentoring o el coaching.

Los graduados en bellas artes copan sectores como el de la moda y el diseño. Curiosamente, uno de los mayores revolucionarios en el campo de las Ciencias, Steve Jobs, dedicó sus años en la universidad al estudio de la caligrafía.

¿Y qué decir de los maestros y las maestras, pedagogos y profesores? Su papel en el desarrollo de las personas en las distintas etapas de la vida es crucial.

2. ¿Generan valor económico las Humanidades?

Periódicamente se publica en los medios el dato según el cual la industria cultural (artes escénicas; plásticas y visuales; audiovisual y medios; patrimonio; archivos y bibliotecas; libros y prensa, y música) representaría entre un 3,5 y un 4% del Producto Interior Bruto español. Los datos también nos dicen que medio millón de personas trabajan en esta industria.

Hay otros datos, en cambio, que suelen pasar más desapercibidos. Por ejemplo, que la participación de la industria cultural en el PIB nacional es superior a la del sector agrario (2,5%), a la del sector alimentario (2,6%), a la del químico (1,1%) y a la del sector de las telecomunicaciones (1,8%), y próxima a la del sector financiero y de seguros (4,2%). Llama la atención, también, y quizás esto sea parte del problema, que el peso de la industrial cultural en el PIB español sea muy inferior al peso que tiene en Reino Unido (8%) y Estados Unidos (12%).

Se trata de datos obtenidos a partir de una somera búsqueda realizada por internet, y que por tanto, no pretenden tener validez académica. Pero con independencia de que se puedan afinar, nos permiten intuir que las Humanidades no solo sirven, sino que sirven en clave económica.

3. ¿Qué modelo educativo necesitamos?

Las Humanidades tienen, en mi opinión, un problema de imagen o mala prensa. Como decimos los expertos en marketing: “no han sabido posicionarse”. Otras áreas, en cambio, sí que lo han hecho. Pongo el ejemplo de la investigación. Nadie discute la necesidad de invertir en esta. Se asume que a largo plazo dicha inversión se plasmará en resultados y valor económico. Es decir, se asume que la investigación es… APLICADA. ¿Por qué entonces no se asume que las Humanidades son también… APLICADAS?

Las Ciencias necesitan de las Humanidades y las Humanidades necesitan de las ciencias. El desarrollo de la persona, es mucho más pleno cuando no solamente sabe trasponer una matriz, o realizar una integral, sino también sabe comprender la profundidad de una poesía, familiarizarse con la historia de la humanidad, comprender las diferentes corrientes filosóficas, o bucear en la psique humana.

Algunas personas se mueven mejor en lo certero de las Ciencias, y otras personas navegan mejor en la subjetividad de las Humanidades. Pero necesitamos objetividad y subjetividad, cerebro izquierdo y cerebro derecho, letras y números, word y excel…

Necesitamos profesorado y familias, estar realmente convencidos de la importancia de la formación en Ciencias y Humanidades, y apreciar y agradecer que los estudiantes escojan uno u otro camino, los mezclen cuando sea posible, para de esta forma ser personas realmente formadas en todas sus vertientes.

En respuesta a la pregunta que se me realiza, si atisbamos un cierto divorcio entre las Ciencias y las Humanidades, no lo aceptemos. Sería como reconocer que las Humanidades son la hermana pobre o la Cenicienta de los Planes de estudio. No lo son, y no deberían serlo.

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