Juan Carlos Melero / Psicólogo

Juan Carlos Melero¿Educación científica vs educación humanística? Hacia un paradigma integrador

“Nada humano me es ajeno”. El enemigo de sí mismo. Terencio.
“Un plan de estudios equilibrado debería conceder los mismos recursos e importancia a las siguientes disciplinas: artes, humanidades, artes del lenguaje, matemáticas, educación física y ciencia.”
Escuelas creativas. Ken Robinson.

Construcción del saber en la sociedad del cambio

A lo largo de la historia se ha ido produciendo una división artificial entre cultura científica y cultura humanística que se ha acrecentado en las últimas décadas. Supuestamente, la primera permitiría conocer la realidad de manera objetiva, estaría basada en la evidencia y utilizaría para lograr sus propósitos métodos experimentales. Sería el caso de la Física o la Biología. La segunda, por su parte, estaría más basada en la intuición, serviría para alimentar una reflexión personal y colectiva acerca del sentido de la vida, y basaría sus fundamentos en procedimientos de corte más cualitativo. Sería el caso de la Filosofía o la Psicología. ¿Es real esta dicotomía o es un mero artificio? ¿Puede hablarse de “sociedad del conocimiento” si se posterga lacultura humanística, las ciencias sociales, al papel de hermanas pequeñas del saber, o estaríamos ante un exceso conceptual que, como mucho, llegaría a “sociedad de la información”? ¿Es posible una educación más integral, más global,que permita un conocimiento más profundo de la realidad humana?

Vivimos en un mundo caracterizado, en buena medida,por la incertidumbre y el riesgo (Ulrich Beck, 1998), la complejidad (Edgar Morin, 1999), la dimensión líquida (Zygmunt Bauman, 2007), la ligereza (Gilles Lipovetsky, 2016). Necesitamos una formación a la altura de las exigencias que esta realidad conlleva. Para ello, es necesario un diálogo integrador entre las diversas disciplinas, entre las diferentes perspectivas que,complementándose, enriqueciéndose mutuamente, favorezcan el conocimiento que precisa el mundo cambiante en el que habitamos.Un cambio que solo puede provenir de un nuevo paradigma educativo, más abierto, más global, también más humilde. Por supuesto, esto depende del sentido que se le quiera dar a la educación. A estos efectos resulta muy sugerente la propuesta de Ken Robinson (2015) cuando escribe en “Escuelas creativas” que “la finalidad de la educación es capacitar a los alumnos para que comprendan el mundo que les rodea y conozcan sus talentos naturales con objeto de que puedan realizarse como individuos y convertirse en ciudadanos activos y compasivos”. Educar personas que conozcan el entorno (natural, social, electrónico) del que forman parte, que se conozcan a sí mismas y que sean capaces de convivir armónicamente entre ellas. Frente a modelos más alicortos que parecen pensar solo en una futura inserción al mundo laboral. Una incorporación al mundo del trabajo que, por otra parte, ya no es lo que era, y que requiere así mismo un desarrollo humano diferente.

Pensamiento innovador para un mundo laboral menguante

Aunque a veces haya más retórica que convicción, en el incierto mundo laboral del siglo XXI que algunos definen como una era caracterizada por “el fin del trabajo” (Rifkin, 1995),se oye hablar mucho de la necesidad de apostar por una cultura empresarial que sitúe la innovación en el corazón de las personas y no solo (ni principalmente) en un departamento específico. Se buscan profesionales con capacidad de adaptación crítica a entornos cambiantes y habilidad para construir futuros alternativos. Como escribió John Moravec en “Aprendizaje invisible” (2011), “el cambio social y tecnológico acelerado exige que nos preparemos para futuros con los que ni siquiera habíamos soñado”. Y no solo en el sentido de puestos de trabajo que no intuimos o de tecnologías que ni releyendo a Julio Verne podríamos atisbar, sino en el sentido más radical al que hacía referencia Rifkin cuando escribió en la obra citada que “la redefinición del papel del individuo en una sociedad carente de trabajo en masa, es, tal vez, el problema seminal de los próximos años”. La educación tiene entre sus metas la incorporación satisfactoria al mundo laboral, pero éste se transforma permanentemente y, en la actualidad, parece haber iniciado una deriva hacia la amortización irreversible de millones de puestos de trabajo. Insertarse de manera equilibrada en un mundo laboral que alternará, muy probablemente, períodos de ocupación con otros de desempleo, de estudio o de trabajo voluntario al servicio de la comunidad; socializarse en un mundo en el que el trabajo quizás deje de ser el centro de la identidad personal que viene siendo desde hace décadas, requiere introducir en la educación de las nuevas generaciones competencias escasamente desarrolladas en la actualidad, y hacerlo mediante metodologías disruptivas con respecto al sistema actual. Un cambio, pues, de paradigma educativo que sitúe el desarrollo de determinadas habilidades en el corazón del sistema y que revolucione las formas de aprender. Un paradigma en el que la separación artificial ente cultura científica y cultura humanística quedará, en buena medida, superada.

¿Cómo podría ser este nuevo modelo educativo?

Veamos, de modo somero, algunos de los contenidos y de las estrategias metodológicas que contribuirían a desarrollar el modelo educativo integrador al que hacemos referencia, para un mundo movedizo en el que, como dijo Paul Valéry, “el futuro ya no es lo que era”.

Desde el punto de vista de los contenidos

Este nuevo paradigma educativo se ocupará de desarrollar, al menos, las llamadas “inteligencias múltiples”, las habilidades psicosociales, la ética ciudadana y la cultura digital.

Inteligencias múltiples

Gracias a los trabajos de Gardner sabemos que no existe una supuesta inteligencia genérica que habría que alimentar de manera homogénea en todo el alumnado, sino que existen diversas inteligencias, con un potencial diferente en cada persona. Él habla originalmente de siete inteligencias (musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal e intrapersonal), que posteriormente amplía a ocho al incluir la “inteligencia naturalista”. Algunas personas estarían particularmente dotadas para las matemáticas, otras para la lengua, otras más para el arte… y todas albergaríamos una combinación singular de estas inteligencias. Una visión radicalmente diferente de la sostenida por la escuela convencional. Como escribe Gardner (1993), “gran parte de nuestro sistema de evaluación se basa en esta preponderancia de las capacidades verbales y matemáticas”. Cuando niñas y niños con tan diferente potencial se encuentran con una escuela que les trata por igual, comenzamos a alimentar posibles riesgos de fracaso escolar (fracaso de la escuela a la hora de educar la diferencia constitutiva de lo humano) y, lo que es igual de grave, limitaciones en el desarrollo personal, que tendría que someterse a un currículo genérico a medir posteriormente de acuerdo con estándares internacionales.

Habilidades psicosociales

Llamadas en ocasiones “habilidades blandas” (del inglés soft skills), incluyen un conjunto de destrezas relacionadas con las dimensiones cognitiva, emocional y social que nos definen y que condicionan la manera en la que las personas nos relacionamos con nosotras mismas, con otras y con el ecosistema social y natural del que formamos parte. Competencias transversales, cada vez más relevantes en el desarrollo personal y la socialización armónica, entre las que cabe citar las siguientes doce (Melero, 2014): Autogobierno, Asertividad, Inteligencia emocional, Empatía, Pensamiento crítico, Creatividad, Proactividad,Comunicación, Capacidad relacional, Colaboración, Gestión de conflictos e Integridad moral.Competencias muy relacionadas con las ocho que propone Ken Robinson en la obra antes citada: Curiosidad, Creatividad, Crítica, Comunicación, Colaboración, Compasión, Calma y Civismo.

Ética ciudadana

Destacaba el pedagogo González Lucini en 2001 la “tarea humanizadora” de la educación, en el sentido de “plantearse como uno de sus objetivos centrales y más urgentes la recuperación, el desarrollo y el engrandecimiento de las características más profundamente humanas de los alumnos y las alumnas”.Baste decir que la ética ciudadana viene a ser el trasfondo cultural que dota de sentido humano a todas las demás competencias. Ética en el sentido de reconocimiento, solidaridad, cuidado de las personas en situación desfavorecida. De poco sirve la asertividad si no se basa en el respeto a los derechos de las demás personas. De nada sirve la empatía si ponerse en la piel de otra personas no conduce a ayudarlas a superar sus dificultades. De poco sirve el pensamiento crítico si no tiene en sus raíces la capacidad de autocrítica. De nada sirve la proactividad si conduce al fraude y a la corrupción como “modelo de negocio”.

Cultura digital

Que internet ha revolucionado todos los ámbitos de nuestra vida es ya una evidencia sobre la que no es necesario insistir (Dans, 2010). Hoy resulta impensable el desarrollo personal, social y profesional de las nuevas generaciones (y aun de las anteriores) sin hacer referencia a la Red. Pero no tanto en el sentido de dominar las tecnologías, siempre cambiantes, o de aprender lenguajes de programación (que también), sino en el más radical al que hace referencia Javier Echeverría (2011) cuando escribe que “los procesos de aprendizaje han de orientarse hacia la adquisición de esas nuevas competencias y habilidades que son precisas para intervenir adecuadamente en el nuevo espacio social, el espacio electrónico”. Buena parte de la vida se despliega actualmente en espacios online, por lo que aprender a desenvolverse en ellos, participar de las posibilidades que permiten, evitar desequilibrios y excesos, etc., pasa por incorporar al propio curriculum vitae la cultura digital.

Desde el punto de vista metodológico

Este modelo educativo descansará en principios metodológicos como la personalización, la transdisciplinariedad, la apertura a la realidad, el servicio a la comunidad, el aprendizaje basado en proyectos y el trabajo colaborativo.

Personalización

Si cada alumna, cada alumno, son diferentes entre sí, ¿por qué insistir en educarlos con procedimientos idénticos? Nadie dijo que la educación fuera fácil. De hecho, es probable que sea una de las actividades humanas más complejas. De ahí que los países más avanzados en este campo concedan tanta importancia a la selección del profesorado y a su formación permanente. En este proceso, quizás una de las competencias educativas más difíciles de adquirir y a la par más prometedoras sea la capacidad para explorar la singularidad de cada estudiante, para avanzar desde su potencial personal hacia el logro de objetivos así mismo particulares.Como escribe Ken Robinson, “los mejores profesores logran resultados sacando a la luz lo mejor que hay en cada uno de sus alumnos”.¿Qué mayor y más apasionante reto educativo?

Transdisciplinariedad

Las disciplinas, áreas curriculares o asignaturas, son formas parciales de acercarse a la realidad que requieren del concurso de otras perspectivas para construir un mosaico más atinado.Como escribió Iván Illich en “La sociedad desescolarizada” (2006) “las escuelas pretenden desglosar el aprendizaje en ‘materias’, para incorporar en el alumno un currículo hecho con estos ladrillos prefabricados y para medir el resultado con una escala internacional”. Una división insostenible para los tiempos que vivimos. No se trata de recuperar al renacentista Leonardo Da Vinci, integrador de saberes, empresa ya impensable dada la hiperespecialización en la que estamos sumidos (cada vez sabemos más de menos). Pero sí de tomar conciencia de que cada disciplina aporta una mirada insuficiente que exige contar con otras perspectivas explicativas que coadyuven a construir una visión más completa, más compleja, más creíble.

Apertura a la realidad

Como escribió Juan Freire en “Educación expandida” (2012), “buena parte de nuestro conocimiento y capacidades no los obtenemos en el aula ni contamos con un título que lo acredite. De la constatación de esta realidad nace el concepto de educación expandida: la educación ya sucede, sobre todo, fuera de las instituciones educativas y de los procesos educativos formales”. Una educación alternativa considerará esta evidencia como una oportunidad de oxigenar el conocimiento académico, poniéndolo en contacto con una realidad que, además de dotarlo de sentido, contribuya a enriquecer la calidad de los aprendizajes realizados.

Servicio a la comunidad

Esta apertura comentada parte de la evidencia de que la escuela no puede aislarse del entorno social del que forma parte, de la comunidad en la que se inscribe y de la que es un agente especialmente relevante. Antes al contrario, la comunidad en la que la escuela se inserta puede convertirse en un escenario educativo privilegiado en la medida en que los diversos aprendizajes se realicen como posibles respuestas a necesidades de mejora de la vida comunitaria (los “proyectos con alma” de los que escribe Xus Martín).

Aprendizaje basado en proyectos

Las asignaturas son un resabio del pasado. Podemos llamarlas áreas curriculares o como se nos ocurra, pero si siguen siendo fragmentos de conocimiento que mantenemos independientes entre sí, no dejarán de alimentar la pregunta que el alumnado de todas las épocas se ha hecho (nos hemos hecho) alguna vez: ¿y esto para qué sirve? Las distintas disciplinas no son al final más que formas parciales, fragmentarias de aproximarse a la realidad. Y cuando conseguimos integrarlas creativamente en el desarrollo de proyectos que requieren del conjunto, es cuando el alumnado puede encontrarle sentido a lo que, de otro modo, son meras abstracciones que memorizar y evacuar el día del examen. Por otra parte, sabemos que se aprende, sobre todo, haciendo, y que a tal fin el diseño, ejecución y evaluación de proyectos para resolver problemas, a los que se sumen diversas disciplinas y que requieran reflexión personal y trabajo en equipo, son de la máxima trascendencia educativa.

Trabajo colaborativo

No hay trabajo por proyectos sin trabajo en equipo, sin la integración de saberes, habilidades, valores, percepciones, que la colaboración entre diferentes hace posible. Porque nadie lo sabe todo de un determinado tema, pero tampoco hay nadie que lo ignore todo, por lo que las distintas aproximaciones pueden favorecer la activación de una“inteligencia colectiva” susceptible de enriquecer las visiones particulares. Para eso se requiere la humildad de reconocer que el propio saber es limitado y la apertura al conocimiento ajeno.

A modo de síntesis

Para favorecer procesos de desarrollo personal, una socialización armónica y un exitoso progreso profesional, la formación de las nuevas generaciones deberá desarrollar contenidos que, lejos de mantener la división artificial entre cultura científica y cultura humanística, promuevan una integración equilibrada entre ambas formas de acercamiento a la realidad. Formarán parte de este nuevo modelo contenidos que desarrollen las inteligencias múltiples, las habilidades psicosociales, la ética ciudadana y la cultura digital. Y para su desarrollo se optará por principios metodológicos que pongan definitivamente a la persona en el centro: la personalización, la transdisciplinariedad, la apertura a la realidad, el servicio a la comunidad, el aprendizaje por proyectos y el trabajo colaborativo.

Referencias

  • Bauman, Z. (2007). Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Barcelona: Tusquets.
  • Beck, U. (1998). La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Buenos Aires: Paidós.
  • Cobo, C. y Moravec, J.W. (2011). Aprendizaje invisible. Hacia una nueva ecología de la educación. Barcelona: Col.leció Transmedia XXI. Universitat de Barcelona. Laboratori de Mitjans Interactius.Disponible en línea: http://www.aprendizajeinvisible.com/es/
  • Dans, E. (2010). Todo va a cambiar. Tecnología y evolución: adaptarse o desaparecer. Barcelona: Deusto. Disponible en línea en: http://www.todovaacambiar.com
  • Echeverría, J. (2012). Expandir la educación al tercer entorno. (En: “Educación expandida”.Sevilla: Gestión creativo-cultural Zemos98). Disponible en línea en: http://www.zemos98.org/descargas/educacion_expandida-ZEMOS98.pdf
  • Freire, J. (2012). Educación expandida y nuevas instituciones: ¿es posible la transformación?. (En: “Educación expandida”.Sevilla: Gestión creativo-cultural Zemos98). Disponible en línea en: http://www.zemos98.org/descargas/educacion_expandida-ZEMOS98.pdf
  • Gardner, H. (1993). Multiple intelligences. The Theory in practice. Nueva York: Basic Books – Harper Collins Publishers.
  • González Lucini, F. (2001). La educación como tarea humanizadora. De la teoría pedagógica a la práctica educativa.Madrid: Anaia 21.
  • Illich, I. (2006). La sociedad desescolarizada.México: Fondo de Cultura Económica.
  • Lipovetsky, G. (2016). De la ligereza. Barcelona: Anagrama.
  • Martín, X. (2016). Proyectos con alma: trabajo por proyectos con servicio a la comunidad. Barcelona: Editorial Grao.
  • Melero, J.C. (2014). 12 habilidades psicosociales para promover la autogestión y la presencia social. Disponible en línea: http://bit.ly/1CbkMPE
  • Morin, E. (1999). Les sept savoirs necessairas à l’educación du futur.París: Unesco.
  • Rifkin, J. (1995). The end of work. The decline of the global labor forcé and the dawn of the post-market era. New York: Jeremy P. Tarcher/Putnam Book.
  • Robinson, K. y Aronica, L.(2015). Escuelas creativas. La revolución que está transformando la educación. Barcelona: Grijalbo.

 


Juan Carlos Melero – Psicólogo – juancmelero@gmail.com

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