Lourdes Villardón Gallego / Catedrática del Dpto. Didáctica y Desarrollo Curricular (Universidad de Deusto)

Lourdes Villardón GallegoEducar para la cultura. Cultura para educar

Cuando nos planteamos esta pregunta es porque percibimos un desequilibrio en el peso que se le concede en nuestra sociedad a la faceta humanística y a la faceta científica de la cultura.  Sin embargo, más allá de buscar un equilibrio en la balanza, lo que hay que perseguir es que ambas facetas se pesen juntas en el mismo platillo e intentar que esa masa híbrida de humanidades y ciencia pese mucho y cada vez más. La cultura debe ser una, esa que recoge el saber acumulado que permite al ser humano avanzar hacia un mundo mejor.

De la misma forma que se ha superado, o debería, la dualidad entre mente y cuerpo al comprender que la persona es un todo indivisible, que funciona de forma integrada, debe superarse la separación entre ciencia y humanidades porque solo la conjunción de ambas permite una comprensión profunda de la humanidad y de las distintas sociedades.

Esta concepción de la cultura tiene implicaciones en diferentes ámbitos de la investigación y la educación.

En primer lugar, partimos de que la cultura se alimenta de las artes y las ciencias. Siendo conscientes de la importancia que tiene el lenguaje en la construcción del pensamiento, me pregunto por qué cuando hablamos de ciencias, pensamos automáticamente en ciencias formales y ciencias naturales, y cuando queremos referirnos a otras ciencias tenemos que ponerles un adjetivo, “humanas y sociales”. De hecho, las primeras, que quedan suficientemente definidas con el sustantivo, cuando se califican con un adjetivo, éste es “puras”, es decir, esenciales.

No voy a negar la relevancia de las ciencias “puras” a la vez que reivindico la importancia de las ciencias humanas y sociales. Los avances de las primeras pueden suponer una mejora para la humanidad solo si se tiene en cuenta el cómo y el para qué proveniente del conocimiento de las segundas.  Verdaderamente, la historia en todos sus ámbitos, la ética, la sociología, la filosofía, entre otras, son fundamentales en este aspecto. Por ejemplo, conociendo qué factores hicieron que unas civilizaciones pervivieran y otras desaparecieran estaremos en condiciones de evitar errores que supongan el colapso de la sociedad actual. (Diamond, 2006). En este sentido, se puede afirmar que hay que humanizar las ciencias de la misma forma que, en otro tiempo, las humanidades acogieron el método científico.

Además, la ciencia en sentido amplio se beneficia de las ciencias a través de lo que se denomina inter y transdisciplinariedad. La conjunción de diferentes puntos de vista y saberes permite construir más eficazmente el conocimiento, es decir, comprender mejor y más profundamente la realidad. En palabras de Kandel (2007, p. 362), premio Nobel de medicina, “lo que un científico indaga en un experimento en buena medida está determinado por el contexto intelectual en el que se mueve. Hay pocas cosas más estimulantes que introducir en una disciplina una nueva manera de pensar procedente de otra disciplina”.

En consecuencia, la política científica debe promover la investigación que suponga la colaboración de distintas ciencias con un objetivo común y que tenga impacto social, es decir, que aporte un conocimiento que permita mejorar la vida de todas y cada una de las personas.

Por su parte, aunque los sistemas educativos son generalmente reflejo de su propia sociedad,y, por tanto, intentos, aunque a veces fallidos, de su perpetuación, defiendo el poder transformador de la educación.

Teniendo que cuenta que la finalidad última de la educación es formar ciudadanos competentes y comprometidos con la sociedad, y considerando a la persona como algo único e integrado que al aprender se transforma y transforma, la educación debe ser integral e integradora. Expongo a continuación algunas ideas que pueden ayudar a ir en esta dirección.

En cuanto a los objetivos de aprendizaje, además de las competencias específicas, más vinculadas a cada ámbito científico o disciplina, relacionadas sobre todo con el saber hacer, uno de los cuatro pilares de la educación de Delors (1996), quiero hacer hincapié en las competencias básicas, genéricas y/o transversales como metas educativas integradoras. Aunque distintas denominaciones suponen diferentes matices, se pueden distinguir aquellas instrumentales (saber hacer), que dan acceso al conocimiento (saber), y aquellas más relacionadas con el saber ser y el saber estar.

Entre todas ellas voy a destacar algunas por su importancia en la formación integral de la persona. En primer lugar, señalaría la competencia para aprender, por el potencial de desarrollo y autonomía personal que supone, ya que permite al aprendiz utilizar estrategias eficaces para adquirir y construir conocimiento en distintas situaciones, esto es, para tener acceso a la cultura y para contribuir a ella. Permite el aprendizaje permanente y, por tanto, es fundamental en el aprendizaje a lo largo de la vida.

Muy relacionada con esta competencia, resaltaría el pensamiento crítico, que marcó Freire (1970) como fundamental por hacer a la persona un miembro independiente, activo y transformador de la sociedad. Está muy conectado con el pensamiento divergente, a su vez, condición sine qua non de la creatividad, cualidad transformadora por excelencia.

Además, quiero reseñar la competencia social y ciudadana, que supone la comprensión de las normas y organizaciones sociales, el conocimiento de otras sociedades pasadas y presentes y el desarrollo de actitudes y habilidades para la convivencia.

El planteamiento de las competencias genéricas como metas de aprendizaje integradoras, requiere unos planes de estudios flexibles, no fragmentados. Habría que reconsiderar la conveniencia de organizar los currículos en materias, módulos y, sobre todo, asignaturas, ya que esta parcelación puede dificultar la integración entre distintas disciplinas y áreas. Un plan de estudios integrado requiere que el profesorado funcione como un equipo.

Además, las competencias se desarrollan a través de metologías didácticas comprehensivas, que favorezcan aprendizajes interdisciplinares y transferibles. Deberían plantearse a los estudiantes retos cognitivos para cuya resolución se requieran aprendizajes de diferentes ámbitos y disciplinas, por medio de tareas tales como proyectos, problemas, casos, investigación, servicio a la comunidad, entre otros.

A continuación, expongo tres elementos que considero esenciales para el desarrollo integral de la persona y que, por tanto, se deberían incorporar en las aulas.

  • Actividad. El aprendiz se convierte en el actor protagonista del proceso de aprendizaje, y como tal es el que actúa para construir su aprendizaje.
  • Reflexión. Es un elemento esencial del aprendizaje que complementa a la acción. Permite aprender del error y favorece la mejora.
  • Interacción y colaboración. La interacción social es fundamental para aprender (Vygotsky, 1979). En las interacciones entre los estudiantes y entre el docente y los estudiantes se genera conocimiento.

Sin duda, las grandes obras y aciertos de la humanidad, así como los grandes errores, son objetos irremplazables de reflexión y diálogo y referentes para la acción. Están ahí, siempre disponibles como unos magníficos recursos para el aprendizaje, porque los dilemas del ser humano, sus contradicciones y sentimientos son atemporales y universales.

Referencias:

Delors, J. (1996.). La educación encierra un tesoro.Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI, Madrid, España: Santillana/UNESCO.

Diamond, J. (2006). Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen.  Barcelona: Randon House Mondadon.

Kandel, E. (2007). En busca de la memoria. Nacimiento de una nueva ciencia de la mente.

Freire, P. (1970) Pedagogy of the Oppressed. London: Penguin.

Vygotsky, L. (1979). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Crítica.


Lourdes Villardón Gallego
Catedrática del Dpto. de Didáctica y Desarrollo Curricular de la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto
Investigadora principal del equipo eDucaR

Un pensamiento en “Lourdes Villardón Gallego / Catedrática del Dpto. Didáctica y Desarrollo Curricular (Universidad de Deusto)

  1. Ricardo_AMASTÉ

    Touché!
    De todas las posibles me quedo con esta frase y le sumo un paréntesis: “Un plan de estudios integrado requiere que el profesorado (y el alumnado) funcione como un equipo”.

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