Maider Pérez de Villarreal / Vicedecana del Grado de Maestro de Educación Primaria. Universidad Pública de Navarra

Maider Pérez de Villarreal¿Ciencia o letras?

Esta pregunta carecería de sentido, si no hubiera existido y aún persistiera ese precipicio que separa el humanismo de la ciencia, fomentado por una educación tradicional y conductista que ha subsistido hasta nuestros días y que promocionó al producto final y al alumnado “de diseño para el sistema productivo”, en detrimento de las letras y el alumnado “creador y crítico”. Ante la actual crisis económica, de valores y de modelo productivo, nos planteamos qué es lo que hemos ido dejando en el camino del aprendizaje y del desarrollo como seres humanos.

Aún recuerdo en mis años juveniles de instituto, cuando nos preguntaban, ¿y tú qué eres, de Ciencias o de Letras? Y parecía obligatorio tener que elegir entre ambos, provocándonos el intuirlos como un matrimonio mal avenido, algo así como si aun niño tuvieran que darle a elegir entre irse a vivir con un padre o una madre tras un divorcio. Recuerdo mi estupefacción en esos momentos, el pensar que se me daban mejor las letras, pero que me gustaban los animales y la naturaleza, y que en algún momento tendría que elegir entre ambas predilecciones. Y no me gustó tener la obligación de elegir uno u otro. Es más, los niños y niñas que obtenían buenas notas parecían predestinados a las ciencias, mientras que aquéllos cuyas notas eran medias o mediocres, se tenían que conformar con las letras y convivir con ese sentimiento implícito que conllevaba ser “estudiante de segunda”.  Me sentía un ser raro por gustarme ambos y por no tener tan clara mi vocación de letras o de ciencias. ¿Por qué no podían convivir ambas vocaciones? En mi caso, suponía diseccionar una parte de mi cerebro sediento de conocimiento y sólo poder elegir la evolución y desarrollo en la parte elegida. Algo así como inutilizar una parte para desarrollar sólo la otra.

En mi inconsciente, la ciencia y los científicos parecían huir de las letras, lo humano, la humanidad, los sentimientos y emociones. La verdad era puro número, sin ningún resquicio para valores morales… y los científicos se perfilaban en nuestras mentes como seres dotados de una inteligencia excepcional que sólo se dedicaban a hacer experimentos en sus laboratorios y que descuidaban su aseo y cuidado por estar absortos en sus descubrimientos. Esa era mi idea de “científico” en EGB y BUP… y aún y todo, recuerdo siempre querer ser una científica para descubrir al fin, “la verdad absoluta”. Sin embargo, tal como reconocía Antoine de Saint-Exupéry en su libro “El Principito”, “lo esencial es invisible ante nuestros ojos”.

Necesidad de conciliación entre Ciencia y Humanidades

Es momento de reconciliar ciencia y humanidades, como dos hermanas que nunca debieron alejarse una de la otra porque una sociedad carente de humanismo, es una sociedad incivilizada, sin valores, ni ética, que conduciría a la desaparición de la especie humana. La ciencia por sí sola, sin contribuciones humanísticas tendería a una sociedad robótica, carente de sentimientos ni emociones, fría como un témpano de hielo ante el sufrimiento ajeno. A mi modo de entender, el único que podría tener la posibilidad de conciliar Ciencia y Humanidades, sería el Humanismo científico, que en definitiva sería, humanizar la ciencia. Bertrand Russell, un matemático que consiguió el premio Nobel de literatura, constituye un referente del Humanismo científico, y reflexionaba de esta manera en su libro “The impact of Science on Society”:

“Hay ciertas cosas que nuestra época necesita, y ciertas cosas que debería evitar. Necesita compasión y un deseo de que la humanidad sea feliz; necesita el deseo de conocimiento y la determinación de rechazar mitos agradables; necesita, sobre todo, una valiente esperanza y el impulso de la creación. Las cosas que necesita evitar y que la han traído al borde de la catástrofe son la crueldad, la envidia, la codicia, la competencia, la búsqueda de una certeza subjetiva o irracional y lo que los freudianos llaman el deseo muerto… La raíz del asunto es muy simple, tan simple que me siento avergonzado de mencionarla por temor a la risa burlona de ciertos sabios cínicos. A lo que me refiero es al amor o compasión. Si se siente esto, ya existe un motivo para la existencia, una hoja de ruta, una razón para el coraje y una necesidad imperativa de honestidad intelectual”.

Otro precursor del Humanismo científico sería Albert Einstein, a quien se le atribuye la famosa frase: “La mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional, un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se ha olvidado del don”. Esta afirmación concuerda con Nonaka y Takeuchi (1995), quienes en su libro “The Knowledge Creating Company”, distinguían dos tipos de conocimiento: el tácito o implícito (enraizado en la experiencia individual, ideales, valores y emociones) y el explícito (expresado mediante palabras y números), siendo el primero, el más importante. Si sólo nos dedicáramos a la ciencia y tecnología, sin atender a la parte humana que reside en todos nosotros, perderíamos la mayor parte del conocimiento tácito adquirido a través de los siglos y que se encuentra más cercano a la filosofía y al humanismo.

Actitud actual hacia las humanidades

Sin embargo, la sociedad occidental principalmente, ha olvidado la importancia de las Humanidades para la formación integral de las personas, reduciéndose el número de horas de docencia dedicadas a la filosofía en educación secundaria y bachillerato y cerrándose facultades de filosofía, lo que de continuar así, tendría como consecuencia, la degradación por un lado del proceso de enseñanza-aprendizaje y por otro, del desarrollo integral y holístico personal.

De acuerdo a Jordi Ibáñez (2016), en su libro “El reverso de la historia. Apuntes sobre las humanidades en tiempos de crisis”, “el signo de los tiempos va en dirección contraria a lo que las humanidades suelen proponer: lentitud, reflexión, tiempo, profundidad, complejidad, memoria”. Es más, él considera que “las humanidades se equivocan estratégicamente y que tendrían que ser más osadas, desafiantes y honestas, porque el pensamiento que está sustituyendo en la sociedad al de la tradición filosófica es tremendamente estúpido. Pedir permiso en este imperio de la estupidez para que no se olviden de ti es también estúpido”. No tener en cuenta el estudio de las letras y de las humanidades, “obliga a renunciar a la originalidad, a la creatividad y a la sinceridad. La precepción es que hay barra libre para lo superficial, lo bobo y lo estúpido, así como para el engaño y el ambiente moral actual, es hijo de esa degradación”.

Una sociedad capitalista, que busca un consumo exacerbado y la obtención de un producto final sin detenerse en el proceso, camina sin ser consciente hacia su propia extinción, como lemmings que se dirigen hacia un acantilado. Tal como afirmaba Drucker, en 1993, en su libro “Post-capitalist society”, la sociedad futura, será la del conocimiento y la información, y llegará un momento en que no se necesitará más tecnología ni velocidad, sino definir, seleccionar la información y reconceptualizarla. El reto al que se enfrentará la sociedad del futuro, no será la tecnología, sino para qué se utilizará (González, 2008); y es en este último punto, en el que las Humanidades tienen mucho que decir y decidir.

Considero que las mentes animadas por una verdadera actitud científica y humanística, no sólo son las que pueden llegar a la mejor comprensión del mundo en que vivimos, sino que pueden actuar en la sociedad, como verdaderos elementos de fermentación, transformación y progreso. De ahí que no me resulte descabellada la propuesta de una formación más integrada y holística, desde educación infantil hasta bachillerato, en que las humanidades,  ganen terreno educativo en lugar de perderlo. Las grandes preguntas filosóficas, que son las que ya se hacían nuestros ancestros en tiempos remotos, son las que deberían trabajarse desde un punto de vista más global; los niños y niñas entienden más de lo que nosotros con nuestras “gafas perceptivas unidireccionales” observamos. Un niño de 6 años me manifestaba su miedo a que le tragara un agujero negro y su preocupación por que el oso polar se extinguiera. También lloraba angustiado ante la posibilidad de la muerte, ya que “él no se quería morir”. ¿No son acaso contenidos científicos a los que alude, que están rodeados de emociones como el miedo, la preocupación y la angustia?. ¿Acaso ese niño que siente, no puede pensar ni entender ciertos conceptos científicos adaptados, eso sí, a su edad y raciocinio? El sentir y pensar, más propios de las humanidades, junto con el conocer y aplicar,más propios de la ciencia, sirven para dar respuestas a esas grandes preguntas filosóficas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida.

Propuestas educativas

Actualmente gracias a teorías como la Inteligencia Emocional (Daniel Goleman,1996) y la teoría de las Inteligencias Múltiples (Howard Gardner, 1993), se ha reforzado la importancia de las emociones para fomentar el aprendizaje y han surgido nuevos modelos pedagógicos más activos y cercanos a lo emocional y al humanismo, desterrando el viejo mito de un solo tipo de inteligencia llamado “g” con un valor único e inamovible. Entre estos modelos, cabrían destacar la pedagogía de la confianza, la pedagogía verde, el aprendizaje-servicio, la psicología positiva, el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje basado en problemas…, que de alguna manera están revolucionando el paradigma anterior basado en contenidos y evaluaciones finales, fomentando un modelo basado en competencias y en evaluaciones sumativas y continuas que tienen en cuenta la inclusión y la diversidad y valoran el esfuerzo.

Existe un proyecto educativo interesante, en la universidad de Washington, que se llama PLATO  y se trata de una red de aprendizaje y enseñanza de la filosofía implantado en un  gran número de colegios estadounidenses. Jana Mohn Lone (2015), miembro del proyecto y autora del libro “The Philosophical Child”, considera que “los padres a menudo no se enfrentan a las preguntas de sus hijos como si estas tuviesen el potencial para abrir líneas filosóficas de pensamiento porque tendemos a asumir, que los niños no son capaces de realizar exploraciones filosóficas. Por ello, se pierde un gran caudal intelectual, ya que los niños son capaces de plantear cuestiones que quizá ni siquiera los adultos se atreverían”. Del mismo modo que existen proyectos educativos de robótica y programación en educación infantil y primaria, podría sugerirse la creación de proyectos educativos de filosofía, humanidades o de ciencias naturales, ya que tal como señaló Chomsky (2003), gracias a la estructura innata de los niños para adquirir el conocimiento del lenguaje, estos son capaces de asumir conceptos de contenido científico como que el agua moja o que se evapora o que el calor pasa a los cuerpos fríos. Por lo tanto en los periodos de adquisición de las primeras edades,  es cuándo debería dotarse  al niño de ideas de tipo científico y humanistas. Esa formación humanista de base se quedaría en la impronta de los niños y formaría parte de su ser. De hecho, el que es considerado el “mejor colegio del mundo”, por su presencia en lo más alto de los “rankings” de PISA, la Saunalahti School de Espoo (Finlandia), considera que uno de los pilares en los que se apoya el colegio, es una completa formación en Arte (teatro, música, literatura, manualidades, danza) y Educación Física. De acuerdo a su directora, Hanna Sarakorpi, por medio de las asignaturas artísticas, “los niños y niñas aprenden de verdad a ser creativos, y en el arte, no pueden equivocarse…porque no hay una manera correcta de hacerlo”. “Las asignaturas de letras les permiten resolver problemas reales, conocerse a sí mismos y experimentar el éxito. El aprendizaje también debe ser divertido, ya que es la mejor manera de motivar a los niños y niñas”. Sin embargo, durante los últimos años, muchos de los proyectos educativos implantados en las escuelas se han orientado hacia las ciencias y las nuevas tecnologías, por una cuestión práctica: se trata de la disciplina que con más probabilidad les va a proporcionar trabajo en su futuro.

No obstante, la filosofía, el pensamiento creador y liberador, son herramientas necesarias para entender el mundo en el día a día y las preguntas filosóficas, no tratan el conocimiento como un producto o un conjunto de hechos que pueden transmitirse a los jóvenes (Wartenberg, 2009), sino como algo que se crea de manera colaborativa y emerge en las clases en las que se favorecen las preguntas, la discusión y el examen de creencias. Con la formación humanista se crean personas con espíritu crítico, autocrítico y creador, y de ninguna manera se debe perder esta capacidad. Gracias a las humanidades, la mente crece y gracias a la ciencia los seres humanos son capaces de entender los fenómenos naturales y anticiparse para mejorar su calidad de vida. Ambos son realmente necesarios para que las personas evolucionen hacia lo que realmente son, seres humanos.

Referencias:

Chomsky, N. (2003). La arquitectura del lenguaje. Editorial Kairós.

Drucker, P. (1994). Post-capitalist society. Harper Business. ISBN 0-88730-661-6

Gardner, H. (1993). Multiple intelligences: the theory in practice. Nueva York: Basic Books.

Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Editorial Kairós.

González, F. (2008). El mapa conceptual y el diagrama UVE. Editorial Narcea.

Ibañez, J. (2016). El reverso de la historia: Apuntes sobre las humanidades en tiempos de crisis (2009-2015). Editorial Calambur S. L.

Mohn Lone, J. (20115). The Philosophical Child. Rowman and Littlefield.

Nonaka, I. and Takeuchi, H. (1995). The Knowledge-creating company: How Japanese companies create the Dynamics of Innovation. Oxford University Press.

Russell, B. (1951). The impact of science on society. New York: AMS Press

Wartenberg, T. E. (2009). Big Ideas for Little Kids. Teaching Philosophy through Children’s Literature.

Páginas web: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-11-15/hanna-sarakorpi-saunalahti-school-mejor-colegio_1289818/

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