Esther Rebato / Profesora de Antropología Física

Esther RebatoLa pregunta a la que intentaré responder desde un punto de vista bioantropológico no es tarea fácil. En la cuestión planteada hay dos partes: 1) ¿Qué es ser humano?, 2) ¿hoy?, es decir, una interpelación referida al tiempo. Precisamente, algo que nos define a los humanos es la capacidad de pensamiento temporal (tiempo) que los animales tienen (en algunos casos) de forma limitada. Si la pregunta llevara un artículo y dijera ¿Qué es el ser humano hoy?, se nominalizaría el adjetivo “humano” y sería posiblemente algo más sencilla de argumentar, al menos a nivel biológico. En este caso mi respuesta se basaría en el actual consenso entre las ciencias y las humanidades sobre “qué somos los humanos”, mientras que tal y como está formulada me ha hecho pensar sobre si “ser humano hoy” es muy diferente de “ser humano hace tiempo atrás, en otro momento de nuestra historia”, y por tanto, en connotaciones menos biológicas (seguimos siendo la misma especie, Homo sapiens, desde hace miles de años) y más filosóficas, económicas, socioculturales y psicológicas, e incluso políticas, en la que no soy experta. Por ello, y basándome en la lectura de otros autores (ver referencias), me pregunto si podemos definirnos a nosotros mismos en un ambiente de crisis ambientales/ecológicas, conflictos sociales y relaciones mediadas por la tecnología, si realmente somos los seres humanos que éramos hace décadas (ni siquiera me remonto a hace miles de años) en un mundo que se ha transformado -por nuestra propia intervención- a una gran velocidad, si nuestro pensamiento y nuestras emociones siguen evolucionando y en qué sentido, si la exploración del espacio y el carácter planetario de la complejidad económica, ecológica y cibernética, están construyendo las bases de una consciencia global inevitable.

No obstante, también desde mis conocimientos, trataré de responder a la cuestión planteada (con o sin artículo) de la forma más clara posible.

Los seres humanos somos, al igual que otros seres vivos, el resultado de un proceso evolutivo complejo que nos ha hecho singulares. Esto no significa que no compartamos con otros organismos muchos comportamientos y estructuras físicas, y por supuesto un gran número de genes. Que el ser humano es un animal, una parte indistinguible de la naturaleza orgánica, edificado de acuerdo con los mismos principios genéticos que cualquier otro ser vivo es una evidencia científica indiscutible. De entre todos los animales es sin duda con los mamíferos, los primates, y en particular con los grandes simios africanos (gorilas, chimpancés y bonobos), con los que estamos más relacionados filogenéticamente, y según los datos de la biología molecular tuvimos un ancestro común que data de hace unos 7 millones de años. Desde entonces hasta la actualidad han tenido lugar numerosos eventos evolutivos tanto en sus linajes como en el nuestro. Algunos investigadores consideran la evolución humana como una lenta adaptación hacia una especialización gradualmente más elevada, lo que podría hacer pensar que la aparición de los seres humanos ha sido un suceso inevitable.

Desde el punto de vista de la Bioantropología el ser humano no es distinto a los demás animales en cuanto a su organización general, si bien hay que hacer algunas precisiones. Como en todas las especies existen en la nuestra (Homo sapiens) características propias que la diferencian del resto. Desde el antropocentrismo los humanos seríamos “superiores” en determinados rasgos como el tamaño y complejidad cerebral y la destreza manual, pero es cierto que otras especies nos superan: los murciélagos tienen unas dotes de localización excelentes o las aves, dotadas de una capacidad suprema de navegación. Pero el ser humano ha sido capaz de inventar el radar y el GPS, que realizan estas funciones. La creatividad e inventiva de los humanos han transcendido sus características fisiológicas. La evolución biológica y la diferenciación física/orgánica del Homo sapiens, en tanto que especie biológica, no pueden por tanto separarse de la evolución cultural y tecnológica, porque ambas son interdependientes.

Pero incluso en el saber científico, existen desacuerdos en la definición del término humano. Esto depende de la cada disciplina y de las distintas especialidades. Dentro de la Biología no es igual la concepción que puede tener un paleoantropólogo (por ejemplo la bipedestación, el tamaño y forma de los dientes, las proporciones esqueléticas, la capacidad craneal, etc.), que un biólogo molecular que define a los humanos por los genes (determinados genes concretos o variantes intrínsecamente humanas), o un neurocientífico (localización de aptitudes exclusivamente humanas en determinadas regiones cerebrales, como el lenguaje). Los bioantropólogos solemos apoyar que lo que define a los humanos es la coevolución genético-cultural.

Dicho de otra forma, concebimos la realidad humana como el resultado de la coevolución de los sistemas culturales, socioeconómicos y biológicos que cada población desarrolla en el medio donde vive, lo cual introduce no solo un aspecto temporal sino también espacial a esta cuestión. Consideramos la cultura humana como un fenómeno singular que, sin embargo, debe ser reconocido como parte de nuestra biología, como un producto de ella y no como una ruptura cualitativa de nuestra especie con los principios que rigen toda la evolución orgánica. Para comprender la naturaleza de nuestra cultura es necesario investigar la naturaleza humana, pues somos animales culturales, pero para llegar a comprender nuestra naturaleza biológica resulta indispensable comprender bien en qué sentido los fenómenos culturales básicos pueden haberla configurado.

Pero existe una definición mucho más intuitiva y directa: somos humanos por una simple razón genética. Hemos nacido humanos (de padres humanos) y eso nos constituye. Sin embargo, el criterio biológico resulta insuficiente para muchos pensadores, que ven en el ser humano algo que trasciende la naturaleza, que va más allá del mundo natural. A diferencia del resto de seres naturales, el ser humano puede tener conciencia de sí mismo, capacidad de pensar y actuar con libertad, sentido del bien y del mal; este conjunto de facultades son las que nos configuran como algo distinto de los animales. La diferencia con el resto de especies conocidas es la consciencia reflexiva: el humano no solo sabe, sino que además sabe que sabe. Esta facultad de “nivel superior” interacciona con las facultades de complejidad inferior (comprensión, comunicación, aprendizaje), para transformarlas y generar nuevas facultades como la imaginación, las creencias, el lenguaje, la abstracción y la ética.

A día de hoy está claro que el debate sobre el ser humano se mantiene abierto y las cuestiones sobre su naturaleza y atributos no están completamente resueltas (este continuo cuestionamiento también nos caracteriza). Sabemos que el ser humano es un ser físico y biológico, social y cultural, racional a veces, irracional otras, libre en algunos sentidos, sometido en otros. Los avances tecnológicos han logrado en este siglo que prácticamente todas las personas del planeta puedan, al menos en teoría, estar conectadas entre sí mediante redes multimedia globales. La evolución del pensamiento científico ha tenido como consecuencia un rápido aumento de la complejidad en todos los aspectos de las sociedades humanas y de su cultura, desde las organizaciones sociales, económicas y políticas hasta las comunicaciones, la educación, los oficios, las artes y las actividades de ocio. En la actualidad, la red de relaciones que conecta el género humano consigo mismo y con el resto de la biosfera es tan complejo que todos los aspectos se influyen mutuamente en grado extremo.

Por lo tanto ser humano hoy no es lo mismo que ser humano hace unas décadas, aunque sigamos manteniendo la unidad como especie biológica. Somos seres sociales y deliberativos, con emociones innatas similares a los de otros animales, inseparables de nuestra tendencia natural a la conservación, pero hemos desarrollado unas capacidades cognitivas y unas “emociones sociales”, cualitativamente diferentes de otros seres vivos, que nos han permitido sobrevivir y transformar el mundo mediante comportamientos de tipo cooperativo muy sofisticados.

Seguramente, cada uno de nosotros ha respondido o responderá a la pregunta planteada bajo el influjo de su formación en distintas áreas del conocimiento, de su sexo/género y edad, de su experiencia vital y filosofía de vida, incluso de su “código postal”. Esta variabilidad de pensamiento es una riqueza que también nos caracteriza como “seres humanos”. Si esta pregunta se formulara a un Inuit de las regiones árticas de América, a un Bosquimano del Kalahari, a un Aimara de América del Sur, a un Papúa de Nueva Guinea o a cualquier otro grupo étnico (cuando hablamos de etnia, hacemos referencia a los aspectos culturales comunes que identifican a un grupo de personas), incluso a uno de los tantos grupos “reducto” que quedan cerca de nosotros, en Europa (por ejemplo en Islandia y Finlandia), ¿qué hubieran respondido?

El texto se ha basado en las siguientes referencias generales, dentro de las cuales pueden encontrase referencias más específicas.

Referencias:
Barahona, A. (2001). Origen y evolución del ser humano. ¿cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, 32: 10-14.
Gil, M. (2016). La complejidad de la experiencia emocional humana: emoción animal, biología y cultura en la teoría de las emociones de Martha Nussbaum. Dilemata, 21: 207-225.
Hands, J. (2017). Cosmo sapiens. La evolución humana desde los orígenes del Universo. La esfera de los libros, S.L. ISBN: 978-84-9164-025-7.1022 pp.
Rebato, E., Susanne, C., Chiarelli, B (eds.) (2005). Para comprender la Antropología Biológica. Evolución y Biología Humana. EVD, Estella (Navarra), ISBN: 84-8169-666-8. 776 pp.
Tejada, L. (2016). Una mirada antropológica de la Biología. Apuntes de investigación del CECYP, 27: 10-39, ISSN 0329-2142// ISSNe 1851-9814. Traducido de: Ingold, T. (1990). An Anthropologist looks at Biology. Man, New Series, 25 (2): 208-229.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>