Joaquín Sevilla / Responsable de divulgación del conocimiento de la Universidad Pública de Navarra

Joaquín SevillaSer humano hoy es poca cosa. Hoy sabemos lo gigantesco que es el universo y lo minúsculo de nuestro hábitat en comparación. Hoy conocemos muchos detalles de los procesos evolutivos y que, en realidad, no somos la cúspide de la misma sino una rama más del enorme árbol de la vida. Sabemos que la velocidad de la luz es un límite inalcanzable. Sabemos, gracias al teorema de Gödel, que no se puede construir un sistema lógico cerrado y completo. El avance del conocimiento científico en los últimos siglos ha ido apartando a la humanidad del centro del universo en el que una vez se creyó (y en el que aún se creen algunos de nuestros congéneres).

Aquel centro del universo que disfrutaron nuestros antepasados era una ficción. Pensar que todas las estrellas y planetas giraban entorno nuestro era de los pocos consuelos disponibles al ver como las enfermedades y el hambre diezmaban las poblaciones. La esperanza de vida era de unos escasos 30 años y había que gastar prácticamente todo el tiempo disponible en luchar por subsistir un día más.

El ser humano hoy ha sufrido ese doble desplazamiento gracias al conocimiento, a la ciencia. En el plano material los niveles de bienestar, salud, alimentación y ocio son los más altos de la historia. El mismo conocimiento que nos ha llevado a ese bienestar nos muestra que quienes lo disfrutamos somos unos animales más en un pequeño planeta en los confines de una galaxia de entre tantas. Nada más y nada menos.

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