Mayte Sancho / Gerontóloga. Matia Fundazioa

Mayte SanchoDefinitivamente, Euskalerria sí será un país para viejos, lo cual sólo puede generar orgullo y satisfacción entre la sociedad vasca ya que es un claro indicador de desarrollo social y bienestar. Vivir muchos años es una gran oportunidad para un grupo bastante pequeño del planeta que vivimos.

Cierto es, que los datos asustan un poco, cuando comprobamos que las proyecciones de población en Euskadi afirman que para 2031 más de la mitad de la población vasca tendrá más de 50 años o que para esas fechas, que llegan enseguida, más de 3.000 personas habrán superado los cien años.

Sin duda esta sociedad longeva, que ya comenzamos a vivir, genera inquietudes y sobre todo incertidumbres sobre un amplio conjunto de dimensiones que van más allá del futuro de nuestro sistema de pensiones y de la sostenibilidad económica de la sociedad que viene. Entre otras cosas porque pensamos desde la realidad que vivimos hoy.

Nos jubilaremos en torno a los 63 años, como hacemos hoy?. Parece improbable, con una expectativa de vida que a esa edad se acercará a los 25 años y cientos de miles de personas sin una función social y productiva clara, en plena madurez, en excelentes condiciones de salud y con un saber acumulado de indiscutible valor.

La composición de los hogares habitados por personas mayores está cambiando a una velocidad no prevista. El número de personas que viven solas, aun siendo muy mayores aumenta cada día.

Pero también se incrementa decididamente el número de parejas que conviven durante muchos más años como consecuencia de una clara disminución de la mortalidad entre los hombres.

Contemplamos cada día más familias “largas y estrechas” donde sobreviven cuatro generaciones de tamaño reducido al mismo tiempo, que si bien no conviven, si se relacionan con mucha frecuencia e intensidad. Un auténtico tesoro que la sociedad vasca debe cuidar con mimo, ya que conserva una potente red familiar y social entre su ciudadanía. Una especie de red de protección afectiva y social invisible que va a facilitar mucho la provisión de cuidados cuando se necesiten, asunto troncal para la organización de una sociedad del futuro comprometida con el bienestar de sus ciudadanos.

Vivimos momentos de cambio y revisión de sistemas y modelos de Gobernanza hasta ahora inamovibles. En el mundo gerontológico también. Quizás la primera cuestión en proceso de revisión es la edad establecida para la entrada en la vejez, que se corresponde poco con la realidad que se observa cada día: personas mayores, no ancianas, asumiendo responsabilidades de todo tipo, mantenedoras de su hogar y de los de sus hijos, con una imagen poco acorde con la que tradicionalmente se asociaba a la vejez, participando en movimientos ciudadanos e iniciativas voluntarias, haciendo ejercicio, cuidando su alimentación, pero también su mente, y su mundo afectivo y emocional. Surge con fuerza una auténtica revolución de la longevidad que reclama un definitivo abandono de la homogeneidad en su consideración como grupo de población frente a la heterogeneidad que esta sociedad les impone.

Hace tiempo que ha dejado de tener sentido incluir en el mismo grupo a mujeres y hombres de 65 años que cuidan a sus madres y padres de noventa y más años, mientras mantienen en su hogar a sus hijos y en ocasiones a sus nietos…

Desde la planificación gerontológica se plantea la necesidad urgente de una reformulación del modelo de Gobernanza que nos ayude a avanzar en un proceso de empoderamiento y reconocimiento de las personas que envejecen, que visibilice su liderazgo en la transformación social, y haga realidad su valoración en condiciones de igualdad con el resto de la ciudadanía tanto en derechos como en obligaciones.

Abandonar los estereotipos asociados a la edad que minimizan, infantilizan y abren la puerta a un trato inadecuado hacia este grupo de población, identificar y promover la función social de las personas que envejecen y trabajar con ahínco en el mantenimiento y construcción de una sociedad de los cuidados, son retos actuales y de futuro que Euskalerria ha de afrontar para asegurar una sociedad mejor, más igualitaria. Porque una gobernanza eficaz, impone procesos horizontales, participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, pero también en la corresponsabilidad por el cuidado de lo común. La recuperación de la tradición Auzolan muy arraigada en nuestra sociedad sienta las bases de una sociedad colaborativa, responsable, cuidadora de sus pueblos y de sus personas, cualquiera sea su edad y condición social.

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